viernes, 6 de febrero de 2015

TV Basura o el entretenimiento y sus límites

Hay una marcha contra la TV basura. Asumamos que nos entendemos, y que sabemos qué es, aunque no necesariamente podamos definirla. Más allá que todos tengamos derecho a ver lo que queramos, y que la televisión, siendo un negocio, apuesta a aquello que le dará más resultados comerciales, es válido discutir qué es lo que nos molesta de la televisión peruana y qué deberíamos tener. Siquiera como ejercicio intelectual, puesto que es altamente improbable que ocurra nada que no sea la continuación de los programas.

Hay tres grandes argumentos sobre la televisión basura: es de mala calidad, hasta el punto que es obscena, denigrante o violenta; no es adecuada porque no es educativa o no promueve valores; o se propasa, más allá de los límites que debería tener. Aunque se parecen, el primer argumento no es lo mismo que el tercero: es posible que las categorías "obscenidad" o "violencia" sean más una función del uso y el abuso que de un valor moral absoluto, siendo así que una televisión que transmite escenas violentas pero de buena calidad (digamos, un película de Scorsese) no tiene problemas con el primer bando pero siempre los tendrá con el tercero.

La cuestión de la calidad puede debatirse pero podemos partir de asumir lo siguiente: definamos calidad como una función de originalidad narrativa y audiovisual combinada con producción y ejecución. Entonces, un programa de buena calidad es aquel que, sin importar la temática, es original, innova en la narrativa y en la ejecución de la misma, y que resulta en una combinación tal que impacta positivamente. De nuevo: Taxi Driver, violenta como es, desagradable por partes como es, fue singular, innovadora y sin duda sigue siendo una gran película. En televisión, The Wire es cruda, violenta y tiene desnudos, escenas de sexo y muchas pero muchas groserías, aparte de no respetar a la autoridad; pero es una de las más grandes obras televisivas jamás hechas, y no es posible entender la televisión contemporánea, ni aprender cómo y hasta dónde se puede contar una historia en este medio, sin ver The Wire.

Esto haría a The Wire un buen reemplazo de Esto es Guerra? No. Los programas se crean para ofrecer distintas formas de entretenimiento y lo que The Wire trae no es lo mismo que aquello que un programa "reality" de competencia ofrece, y no tiene nada de malo que tal diferencia exista. Digamos que en un universo en donde coexisten programas muy diversos podemos postular la existencia de personas con intereses y gustos también muy diversos, y la televisión les ofrecerá entretenimiento a todos. Claro, la calidad no solo es función del entretenimiento que alguien obtiene, y la crítica a los "realities" de moda va porque no tienen mucha calidad medida de manera abstracta.

¿Pero en realidad no la tienen? En sus términos, bajo las premisas para las que fueron hechos, son programas adecuadamente hechos y que entretienen. Lo que lleva a preguntarnos si el problema de la calidad es que quisiéramos que a la gente le gustara algo distinto...

El riesgo del elitismo no es trivial: desde que existe cultura popular como algo diferenciado de lo que las élites hacen o consumen, y ciertamente desde antes que haya industria cultural como la entendemos ahora, las élites han reclamado por la mala calidad de lo que consumen las masas, o han presentado dicha mala calidad como prueba de la inferioridad de las masas. Con la televisión ha pasado lo mismo que con la música o el teatro: el pueblo llano consume las sobras y se pierde los buenos platos. Podemos discutir, elucubrar y finalmente acordar que sería bueno que las personas tuvieran acceso a contenidos de calidad para "mejorar" su consumo cultural, pero lo cierto es que en tiempos de diversidad y abundancia de oferta cultural, los patrones de gusto estético tendrían como expresarse sin mayores problemas y al final, el que quiere algo lograría consumirlo, así la televisión ofrecería pura "calidad", definida desde las élites culturales.

Esto no niega que el entretenimiento puede ser banal y poco original; pero son dos cosas distintas. El entretenimiento puede ser banal y no tiene nada de malo en sí que lo sea; y puede ser poco original y quizá hasta mal hecho, pero al final de cuentas, la razón por la que nos entretiene es más complicada que simplemente ser bueno o malo. Con el respeto que me pueden merecer los aficionados a Chespirito, el gusto por un programa de hace más de cuarenta años como el Chavo del Ocho no lo hace mejor o peor: lo hace entretenido para ellos. Me dirán que cómo comparo al Chavo del Ocho con Esto es Guerra... pero en realidad no es que el primero sea una obra maestra; es más entretenido para algunos, o entretenido distinto. Nada más.

El segundo y el tercer argumento son más fáciles de desmontar: la televisión es fundamentalmente entretenimiento y por lo tanto, incluso cuando presenta obras sofisticadas y de temática "elevada", no puede ser más que una forma de informarse, antes que de aprender. Si se quiere saber más sobre el Renacimiento y la política, y el rol que Maquiavelo tuvo en ella, se puede ver joyas como Imagine: Who's afraid of Macchiavelli; pero nadie aprobaría un control de lectura viendo ese programa. Claro, se transmite valores, y ahi viene el tercer argumento: la televisión basura enseña, pero cosas malas. En otras palabras, es un problema moral.

Ahí entramos en un tema muy distinto. Bajo esta mirada, el problema de Esto es Guerra es que es inmoral, y que no debería permitirse que algo así sea visto, sobre todo por los niños. Aparte del inmenso agujero que ante ese argumento ofrece la realidad, en la forma de la televisión por cable para comenzar (sin mencionar que El Bananero está a cualquier hora, en la privacidad del dormitorio, a disposición de los niños), la cuestión de lo moral y lo inmoral implica que hay que promover ciertos valores y no otros. Digamos que La Familia Ingalls sería perfecta, pero Game of Thrones quedaría fuera, porque los valores que promueve no son precisamente los más adecuados: no queremos que los niños se vean expuestos a creer que todo el mundo consiste en porno blando mezclado con asesinatos en masa, ¿no es cierto? Incluso otros programas, que no tienen esos contenidos, pueden ser condenados: Doctor Who asusta a los niños; los Teletubbies promueven la homosexualidad; Power Rangers es violento; un niño puede tirarse por la ventana viendo Superman... etcétera, etcétera.

El miedo moral es una viejísima forma de control social: cuando el señor Cipriani dice que hay que tener un ministerio de la familia que premie a las familias grandes, está promoviendo una forma de control social, y puedo imaginarlo defendiendo a La Familia Ingalls y condenando a Los Sopranos como parte de su campaña pro-familias "correctas". Juzgar a la televisión, a cualquier forma de entretenimiento, por los valores de ciertos grupos traerá inevitablemente nociones de censura moral, y usará a los niños como pretexto para lo que en realidad busca: la afirmación de un conjunto de valores que interesan a una élite. Es decir: el entretenimiento debe ser propaganda de la moral correcta.

El entretenimiento será el reflejo de los intereses y las valoraciones estéticas de los televidentes, esa es la regla. Cada vez hay más y más diversas opciones, y eso se va a poner todavía peor. Transformarlo requiere transformar la experiencia cultural, el capital cultural de los peruanos, y si bien sería bueno que eso se promueva en la televisión, tampoco es cuestión de propugnar que en vez de Combate (actual) pasen documentales repetitivos y sensacionalistas sobre la segunda guerra mundial... al final, aunque la temática sea potencialmente de interés cultural, es simplemente otra forma de entretenimiento, potencialmente tan banal como la que nos molesta.

Esto no niega que la televisión peruana de señal abierta es mala. Pero la razón no es que sea inmoral o inadecuada: es que es barata y mezquina. Busca explotar las fórmulas menos arriesgadas hasta que no queda nada de jugo en el limón, y no quiere nada nuevo porque eso puede fracasar o ser ignorado. Encima no respeta al televidente, como lo demuestra el maltrato a las películas nacionales o episodios como interrumpir la inauguración de los Juegos Olímpicos para no atrasar el programa de más rating. Entonces insiste en lo que trae a la audiencia. Claro, en el contexto actual en que los televidentes de mayor poder adquisitivo tienen tantas opciones que atraerlos a un programa de señal abierta es dificilísimo, tiene sentido comercial optar por lo barato.

Pero lo más grave de esta opción no es la serie de programas de mala calidad: es el abandono de lo que sí podrían y deberían hacer bien. Nada reemplazará el poder de la televisión de señal abierta para proponer miradas de interés general para aquello que es de interés general, con buenos noticieros y programas de discusión pública. Esa exigencia es mucho más importante, y si hay algo obsceno en los canales nacionales es su abandono consciente, agresivo, del interés público por la autopromoción y la complacencia en los programas de noticias, en todas sus formas.

Mucho más daño le hace al Perú la pobreza de un noticiero que un "reality". Si una exigencia debería hacerse, es que los programas de noticias sea de noticias. Luego, podríamos buscar que el canal del estado sea un canal público, que arriesgue y proponga nuevas miradas y respete al televidente con una oferta distinta.


lunes, 26 de enero de 2015

Syriza y el futuro posible de una izquierda viable en el Perú

Syriza, me dice la Wikipedia, es el acrónimo de la Coalición de la Izquierda Radical. Incluye la fauna izquierdista completa, desde troskos hasta verdes pasando por eurocomunistas y demás. Es la primera victoria de la izquierda de verdad en la Unión Europea, y puede ser el gobierno más radical de un país desarrollado desde el gabinete Attlee de 1946.

En buena medida, es el resultado del colapso de un orden político comodón y complaciente. Hay que recordar que la última dictadura militar en Grecia es parcialmente contemporánea con nuestra última dictadura militar (no, Fujimori no califica). Recién hace 40 años es que Grecia es un democracia liberal de esas que ahora parecen naturales en el mundo desarrollado, pero siempre tuvo un sustrato de complacencia con la oligarquía local, que se parece mucho a la peruana: no pagan impuestos, no obedecen las normas, desprecian al estado. Grecia sobrevivía gracias a la expansión económica primero, y luego a la integración europea, que ofrecía capitales y financiamiento público que no era capaz de generar localmente.

Se metieron al euro cuando no debían, y tuvieron Juegos Olímpicos a pesar de no poder pagarlos. Cuando cuatro años después de Atenas 2004 vino la crisis financiera y su consiguiente recesión, Grecia no tenía como salvarse, atrapada en la globalización de doble candado que viven los europeos: aparte de la globalización estándar, esa que nos afecta a nosotros, ellos tenían también la otra, más local: el euro, el banco central europeo, la comisión europea con sus miles de normas. El juego de la política fiscal era mínimo, y como las instituciones de la globalización realmente no exige que los estados funcionen bien sino que le basta con que se facilite el funcionamiento de la economía global, los griegos quedaron atrapados.

El colapso ha sido brutal: 25% de decrecimiento económico; 60% de desempleo juvenil. Las estrategias impuestas por la llamada troika (UE, FMI, ECB) son conocidas por los que tenemos memoria: austeridad, disciplina fiscal, reducción del empleo estatal. Grecia tendría que haber aumentado su recaudación fiscal pero el gobierno de Samaras no hizo mayor cosa, al parecer, y el resultado es sufrimiento para el grueso de la población mientras que los de siempre seguían pasándola lindo.

El siguiente colapso fue el bipartidismo. Al mejor estilo del resto de Europa, Grecia tenía un partido de derecha tradicional que apoyaba el conservadurismo social y el rol de la iglesia; y un partido de izquierda que aspiraba a la modernización y que apoyaba mayor cercanía con la liberalización de las normas sociales. En términos económicos, se movían más o menos en lo mismo, al estilo de PSOE y PP en España, Conservadores y Laboristas en el Reino Unido, SPD y CDU, PT y PMDB en Brasil, la Concertación y la UDI en Chile: la globalización financiera no estaba en cuestión, y solo los paliativos alrededor de ella podían discutirse. Cuando la premisa misma de la globalización falla, como en Grecia y en menor medida en España, Portugal e Italia, el modelo bipartidista deja de tener sentido y se abre la puerta a alternativas significativamente distintas.

No tienen que ser de izquierda: en el Reino Unido la fuerza que más ha crecido es UKIP, un partido comparable al FN francés; en algún momento Amanecer Dorado, neonazis descarados, parecían en camino a ganar en Grecia. Pero en Grecia convergieron varias cosas, entre ellas Alexis Tsipras.

Es Tsipras el que ha logrado armar Syriza más allá de sus orígenes. Le dio una cara con credibilidad, fresca y en sintonía con los mayores perjudicados por la recesión y la austeridad; encontró una narrativa distinta, de esperanza y renovación, que no negaba su izquierdismo pero lo sometía a aspiraciones como el europeísmo y su consiguiente movilidad social y personal; y sobre todo planteó sin miedo que primero está la gente, la gente de Grecia, y los oligarcas locales o las instituciones del proyecto europeo, que se traducen como "los intereses de Angela Merkel" en la política de la calle griega.

Ahora viene lo bueno: gobernar. ¿Cómo negociar mejores términos, cambiar el estado griego para que sirva a todos, y mantenerse en la Unión Europea? Todo esto manteniendo su coalición sujeta, lo que es un desafío dados sus orígenes diversos. Si lo logra, no solo habrá salvado a Grecia, sino también a la UE de su prisión financiera, como argumenta Zizek.  Encima, le habrá ofrecido a la izquierda de todo el mundo una ruta para la reconversión, la renovación en el siglo XXI.

Sin sueños de dictaduras del proletariado, sin un argumento realmente viable frente al capitalismo, la izquierda se entrampa en sus propias narrativas contradictorias. La idea de defender el estado nación, de fomentar un estado para todos sobre principios igualitarios, de desmontar el capitalismo financiero o al menos las instituciones que lo alimentan y protegen, parece ser un buen comienzo, al menos para crear coaliciones e iniciar el proceso de cambiar la narrativa no solo para una elección, sino para la sociedad en su conjunto.

Tsipras muestra cómo lograrlo, aunque hay particularidades griegas que no son fáciles de reproducir en el mundo en general: una buena crisis que demuestre las limitaciones del capitalismo financiero globalizante es sin duda un gran elemento a favor; pero un liderazgo positivo, optimista y renovado, una mirada integradora y generosa, ayudan un montón. Tsipras es un líder que transmite, gracias a su sonrisa y su actitud ante cámaras, empatía y confianza; algo como Renzi en Italia, como Obama el 2008. La indignación sirve con los indignados, pero no todos son indignados todo el tiempo: cuando se trata de grandes cambios, se necesita el optimismo y la bonhomía.

Pensemos en el Perú relativamente lejano: cuando el APRA, con todo a su favor, decidió presentarse como el cruce entre el fascismo y la balada latinaomericana, perdió la elección de 1980. No lograron convencer a los votantes que era una buena idea poner en el gobierno a un partido tan enamorado de sí mismo, tan convencido de sus virtudes, que incluían la historia de violencia todavía presente en la memoria colectiva. Alan García anunció el 85 que su "compromiso es todos los peruanos", usó "Mi Perú" como canción de campaña, y puso al APRA en un segundo plano: guardando las distancias, fue como Tsipras en su capacidad de ofrecer una narrativa optimista para aquietar las dudas que poner el gobierno en manos del APRA producía en muchos electores. Qué duda cabe, las dudas eran fundadas, pero esa es otra historia...

Entonces, el pendiente de la izquierda es encontrar cómo convertirse en una fuerza de esperanza para todos, afirmando valores que sin dejar de ser de izquierda puedan ser vistos como atractivos para el grueso de los peruanos, y además ofreciendo una alternativa positiva a la política económica de los últimos 25 años. No es fácil, y no basta con liderar protestas: hace 45 años la izquierda encabeza protestas y no ha significado que gobierne, ni siquiera cuando la narrativa política coincidía con la narrativa reivindicativa. La renovación de liderazgo pasa por algo más que caras: es urgente una nueva forma de decir las cosas, con convicción, y llamando a todos, especialmente a aquellos que no se sienten atraídos por la izquierda porque aspiran a la buena vida burguesa.

Syria ofrece una nueva plantilla. Sin crisis, sin aggiornamiento y sin cambio de discursos, la izquierda peruana no tiene muchas chances, pero al menos hay una ruta novedosa que podría intentar. Ojalá lo haga.



miércoles, 21 de enero de 2015

Medios y no redes: apostillas a una columna

Hoy miércoles 21, Marco Sifuentes publica su habitual columna en Larep sobre "los políticos y las redes". Como suele ser el caso, es un buen ejercicio de reflexión sobre tendencias digitales locales, donde acota con claridad el problema de usar servicios como Twitter de la manera que personajes tan lamentables como Urresti lo están haciendo: "Gracias a las redes sociales, cualquiera puede opinar. El problema es cuando los políticos opinan como cualquiera".

La observación es completamente válida pero requiere algo de elaboración para que sirva para entender el proceso. El problema reside en la manera como usamos coloquialmente "redes sociales" y lo que en realidad significan.

"Redes sociales" en lenguaje llano, quiere decir lo que conceptualmente llamaríamos "medios sociales" (Ojo: no es social media, por favor: es perfectamente razonable decirlo en español porque la traducción no deja ambiguedades ni confusiones como puede ser con otros términos que se usan en actividades académicas). Las redes sociales son un concepto de las ciencias sociales que se usa para estudiar la manera como se establecen, elaboran y enriquecen los vínculos sociales; los medios sociales son medios de comunicación que se crean a partir del contenido aportado por sus usuarios, y que como tal reflejan las redes sociales a las que cada usuario pertenece.

Usar "redes sociales" para indicar que Urresti está loquito por Twitter tiene la ventaja de ser claro para el grueso de los lectores de un medio como La República, pero resulta en pérdida de claridad explicativa: Urresti usa Twitter como si estuviera jodiendo a un tipo que le cae mal en el bar, no como un medio de comunicación. Si bien es un personaje basto, que incluso ante la prensa convencional habla como chofer de combi en vez de como ministro, Urresti cambia su registro al hablar con la prensa porque es consciente que lo que hace no está completamente bajo su control. En cambio, en un medio social, creemos que controlamos el discurso y buscamos no que nos entiendan o convencer, sino ganar, como cuando estamos en el bar, en el recreo en el colegio, o en una juerga.

Lo que se llama "trolleo" no es más que lo que hacíamos a los 10 años cuando ganabamos las discusiones no con argumentos, sino con habilidad retórica. Eso no se pierde, pero cambia según los contextos, contextos que son resultados de nuestras redes sociales. La bastedad de Urresti es resultado del tipo de intercambios que ha realizado en su vida, de la falta de sofisticación de su retórica, probablemente de su poco capital cultural, y de su capital social: la gente con la que se ha relacionado que comparte las características culturales y de argumentación.

Trollear no tiene nada de nuevo, dicho sea de paso. Algunas de las mejores trolleadas de la historia son bastante anteriores a Twitter, por cierto. Cuando Lady Astor le dijo a Lord Birkenhead, hace como 100 años, "If I were married to you, I'd put poison in your coffee", la respuesta pasó a los anales del trolleo inexistente aún: "If I'd were married to you, I'd drink it". Es casi imposible imaginar a Urresti diciendo algo tan agudo, con o sin Twitter.

Lo que hacen los medios sociales es visibilizar las opiniones que siempre hemos tenido. Ahí está mi única discrepancia significativa con el artículo de Marco: gracias a que somos individuos, cualquier ha podido opinar siempre. Ahora parece ser más visible nada más, y algunos ni siquiera se dan cuenta que no son "cualquiera", sino que sus responsabilidades públicas no se suspenden cuando usan sus cuentas de Twitter.


Gracias a las redes sociales, cualquiera puede opinar. El problema es cuando los políticos opinan como cualquiera. - See more at: http://larepublica.pe/blogs/pasado/2015/01/21/los-politicos-y-las-redes/#sthash.75zhWayB.dpuf
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miércoles, 14 de enero de 2015

Conspiranoias

El asesinato de los periodistas de Charlie Hebdo (CH) ha revivido la pasión de muchos por las conspiraciones secretas, a cargo de poderes inmensos, que comprometen a todo un estado: las llamaré conspiranoias, pues se basan en cierta paranoia sobre el poder de los estados y de actores "secretos", desde los sabios de Sion hasta el grupo Bilderberg; y se expresa en trabajos como la espectacular JFK, el mayor mainstreaming de las conspiranoias, y la muy entretenida Loose Change. El problema con las conspiraciones es la decisión de hacerles caso, puesto que todas se basan en una lógica fallida.

Hay una secuencia más o menos clara en todas estas conspiranoias:

  1. Un evento importante es descompuesto en varios subeventos. 
  2. Se identifica lo que parece ser una inconsistencia entre la narrativa oficial y la evidencia del subevento. 
  3. No se discute los argumentos oficiales sobre ese subevento, sino que se asume que la interpretación que hacemos de la evidencia es comparable o incluso más certera que la interpretación oficial. 
  4. A partir de afirmar que la única interpretación posible de dicho subevento es entonces distinta a lo que se nos ha dicho, se dice o se insinúa que en realidad, todo el evento es falso, o fue realizado bajo "falsa bandera", la frase que los asesinatos de CH han puesto de moda. 

Esta secuencia comete varios errores lógicos, comenzando por proponer que una opinión es una explicación, y que negar una parte del todo basta para demostrar que todo es falso.

Veamos el ejemplo más inmediato:
El asesinato de CH se subdivide en varios subeventos y se nos muestra uno en particular, el video del asesinato de Ahmed Merabet; se nos afirma que no es posible que la interpretación oficial sea cierta, porque no vemos lo que se supone deberíamos ver: abundante sangre y materia gris, y además hay una descarga de humo en otro sitio, no en el cañon del fusil. No se propone una explicación de lo ocurrido, sino que se afirma que la interpretación oficial es falsa, malintencionadamente falsa. A partir de ahí, hay dos rutas: te lo dejan "a tu criterio", o de frente te dicen: "es bandera falsa".

No soy experto en balística, y no tengo acceso a los datos tomados del lugar del asesinato. Entonces, no creo que pueda afirmar nada a partir de un video aficionado, por más que me de la impresión que lo que veo no es como yo asumiría, a partir de mi falta de experticia y mi pura base en experiencias ficticias como televisión y cine, que debería ocurrir. No tengo razón alguna para creerle a un patita que dice en un video o un blog algo en base a la misma falta de conocimientos que tengo yo. Pero lo más importante no es eso: es lo que escojo como sustento del argumento.

¿Es posible una conspiración de tal escala? ¿Es posible que un estado pueda amordazar, intimidar y ocultar evidencia en la escala necesaria para que realmente haya ocurrido una operación de "bandera falsa"? ¿Realmente necesitan asesinar a 17 personas, más los tres terroristas, para sostenerlo todo? ¿Es más, han engañado tan bien a los supuestos terroristas que no dicen nada, no postean o manifiestan nada, explicando que todo es una mentira y que ellos son cabezas de turco? En otras palabras, ¿son tan capaces los servicios de inteligencia, que pueden armar algo tan extraordinario y tan imposible de perforar?

En realidad, las conspiranoias son divertidas y quizá demostraciones de imaginación; pero también son expresiones de deseo: quiero creer que los malos son efectivamente aquellos que yo considero malos, que la realidad se parece a mi imaginación, que la sociedad no está bien porque alguien impide que sea buena. En otras palabras, una cuota de paranoia es lo único que hace posible pensar que estas conspiranoias sean tratadas en serio. Son justificaciones de una visión del mundo que está sesgada lo suficiente como para que la evidencia no baste, sino que siempre, siempre, sea insuficiente, y requiera una mirada aguda, profunda, y sobre todo sapiente, de esos que realmente conocen la verdad.

No niego que los servicios de inteligencia son capaces de hacer barbaridades; no niego que es posible que hayan operaciones de bandera falsa. Pero la posibilidad no me debe hacer que todo lo interprete únicamente bajo esa luz. La alternativa es terminar como el procurador Galindo: viendo los fantasmas que quiero ver en donde no hay nada, y usando el poder que tengo para espantar y atormentar a aquellos que no creen lo mismo que yo.



martes, 13 de enero de 2015

Tres ideas tras el despropósito sobre "La Cautiva"

1. Impresiona, para mal, que todavía baste para muchos el solo mencionar a SL para que haya necesidad de entrar en pánico y temer un rebrote terrorista. Hace tiempo que SL dejó de ser una amenaza a la seguridad del estado, siendo un grupo criminal peligroso que controla áreas tradicionalmente fuera del control estatal, y que molesta mucho; pero más peligroso para el país es en este momento el lento pero seguro proceso de organización de la criminalidad en mafias, que están comenzando a tomar control de pueblos enteros (ver los reportajes de la República sobre Barranca: aun dejando espacio para cierto sensacionalismo, es gravísimo), que lo que pueda hacer SL. En otras palabras, muchos todavía siguen tratando de ir al Mundial de Francia cuando el problema es cómo corregir las cosas para ir a Qatar 2022.

2. Esto lleva a nuestro estado, partido en dos: las islas de excelencia, esas que existen para responder al mundo externo de las que habla Eduardo Dargent, y el estado para los peruanos de a pie, ese que no da pie con bola y que no es capaz de dar servicios de calidad para el grueso de nosotros, más allá de esfuerzos loables en educación y quizá, en salud. Los servicios de seguridad siguen siendo presas de culturas institucionales lamentables, incapaces de hacer algo realmente inteligente ante las amenazas que tenemos por delante. El Perú corre el riesgo de volverse un estado capturado pero Uresti se dedica a juegos de baño de colegio con los Fujimori. Patético.

3. La urgencia de cambiar radicalmente el funcionamiento de la Policía queda clara cuando uno revisa el documento de "análisis". Lo que se expresa solo puede ser el resultado de dos alternativas, que encima no son excluyentes entre sí: o los encargados de analizar carecen de cualquier contexto y formación medianamente pasable sobre la diferencia entre expresión cultural y política; o la cultura sobona que predomina en la policía, donde para salvarse las espaldas hay que hacer lo que pide el jefe, lleva a redactar algo que solo se puede entender como complaciente y repetitivo del "sentido común policial": si no se alaba a las fuerzas militares y a la policía, entonces se está siendo complaciente con los terroristas. Ese sentido común puede estar incrustado en los policías pero sin duda, usarlo puede ser una manera de quedar bien con los jefes, que encarnan ese punto de vista. Sea como sea, es terrible, porque así como se les escapó la paloma con SL a finales de los setenta, también se les puede escapar si aparece una verdadera amenaza política a la seguridad nacional.

domingo, 4 de enero de 2015

2015, o los varios futuros

Cuando comienza un año se puede intentar hacer predicciones, lo que en realidad es una perdida de tiempo, o se puede identificar tendencias, lo que es más práctico porque sirve para protegerse en caso que las predicciones fallen: la tendencia cambió...

Entonces, y como ejercicio para volver al blog, quiero indicar nueve tendencias que el 2015 puede que se afirmen, como quizá no; al menos se puede decir que en este momento, son válidas y posiblemente viables.
  1. La lentitud en la penetración de los "wearables", los dispositivos tecnológicos que se usan como prenda de vestir o accesorio, continuará, en la medida que no se logra definir todavía qué deben hacer; y que dependen casi por completo de un teléfono móvil para tener sentido. Es posible que alguien invente una aplicación que cambie el panorama, pero los wearables son todavía muy singulares, dependientes y caros para significar algo importante.
  2. Los móviles seguirán perdiendo interés: en realidad esta observación es válida para todas las formas de tecnologías digitales. Es posible comprar por 250 soles un smartphone casi tan capaz como un iPhone: este último tiene varias cosas mejores pero realmente, ¿justifican estas la diferencia mínima de más de 1000 soles? Cada vez menos. No niego la calidad y solidez de los smartphones de rango mayor, pero eso no impide concluir que un dispositivo simplón es ahora tan capaz, que la distancia no es muy grande, y seguirá acortándose.
  3. La computadora seguirá desapareciendo como objeto de consumo. Una computadora es necesaria, sin duda, pero para funciones que cada vez se parecen más a los años ochenta. Producir documentos en serio, manipular data, realizar trabajos profesionales, y quizá jugar (aunque las consolas son cada vez más potentes y útiles para eso). Como herramientas de consumo están dejando su lugar, y es posible pensar que en unos años la computadora sea nuevamente sinónimo de trabajo y una generación de dispositivos digitales que vaya de las tabletas al wearable, o por lo menos el teléfono, reemplace los usos de consumo y comunicación por completo.
  4. La globalización de la oferta cultural seguirá creciendo. Aunque no siempre la hace bien (Marco Polo es un Game of Thrones hecho por Frecuencia Latina con plata, la verdad), Netflix tiene la intención de servir como "cord-cutter", es decir sacarnos de la necesidad de tener cable. HBO Go también lo intenta. En la medida que estas ofertas crezcan, cada vez más las condiciones permitirán que la producción local más atractiva pase a estos servicios globales, de los cuales hay varios que todavía no conocemos y otros, como Crackle, que no terminan de encontrar su ruta. Ya ha sucedido, para todo efecto práctico, con el fútbol: la oferta local no desaparece sino que se descapitaliza y pasa a un segundo plano frente a la oferta global. Lo local seguirá siendo producido, pero luego del maltrato que America Television dio a El Evangelio de la Carne el 3 de enero (según reportó su director, Eduardo Mendoza, en FB), solo la difusión generalizada sirve como incentivo para no dar exclusivas a servicios como Netflix, que respetan el producto y ofrecen inmensa flexibilidad.
  5. A nivel global, los diarios seguirán en problemas. Los hábitos de consumo siguen cambiando, y solo queda el refugiarse en nichos: el diario global, el diario local especializado y partidario, el diario barato. Los diarios globales o cuasi globales (como El País) tienen que encontrar la manera de volverse viables antes que las inversiones que tienen que realizar para ser globales los terminen de hundir, como podría pasarle al Guardian y en menor medida, al mismísimo New York Times, que ha tenido que volver a despedir personal. Los diarios locales especializados se vuelven cada vez más partidarios, más pegados a un grupo al que responden ideológicamente, incluso para los diarios temáticos como los deportivos (y como siempre fue el caso de los diarios económicos, que son fuente de información y de status en partes iguales, para la elite económica de sus países o del mundo). ¿El lado positivo? Está claro que los diarios globales pueden cobrar decentemente por suscripciones y que habrá suficiente gente interesada para pagarlas.
  6. A nivel local, los diarios seguirán en problemas, pero en otros problemas: la calidad de todos los diarios peruanos es dispareja en el mejor de los casos; pero sobre todo choca la opción por disociar el diario impreso del sitio web, hasta el punto que son ridículamente distintos. El riesgo es que la falta de seriedad y el populismo barato de los sitios web se filtre al diario mismo, y a mediano plazo, que las audiencias también se disocien conforme los que deberían comprar el diario en papel prefieran seguir solo con las banalidades digitales, y busquen seriedad en diarios globales. Ojalá se tratara de la "buzzfeedización" de los medios, eso sería mejor que la colección de contenidos aleatorios que se sueltan todos los días sin más criterio que la cantidad de clicks. Triste... porque al final si se trata de competir con Buzzfeed, la versión criolla (Utero.pe) muy probablemente ganará. Obviamente, la pregunta es si hay una élite lo suficientemente interesada en un buen diario (o revista) local y dispuesta a pagar por él, como para sostener periodismo industrial decente. Creo que la respuesta cada vez más, es no.
  7. La trayectoria ascendente de los ciber conflictos continuará. Desde que en 2007 (¡hace siete años! ¡qué bestia como pasa el tiempo!) escribí sobre el primer caso realmente serio, la "ciberinvasión" rusa a Estonia, estamos en las mismas: agentes dispersos, muchas veces simpatizantes de un estado, atacan a otro país; la respuesta es muy pero muy opaca y no deja en claro quién cómo y por qué se realizan los contraataques. Esto lleva inevitablemente a preguntarnos, ¿cómo está el Perú en ciberseguridad? Que no tengamos conflictos militares a la vista no impide que nos preocupemos por la defensa, y lo mismo se aplica a la ciberdefensa. Me gustaría que el tema se discuta públicamente.
  8. Los conflictos sobre la gobernanza de la Internet continuarán... esto es como bien especializado así que lo dejo para un post dedicado al tema, más adelante.
  9. Las campañas electorales del 2016 comenzarán en la web y en Facebook el 2015, y mucho serán seducidos por los que les prometen ser el nuevo Obama. Para variar, esas campañas tendrán poco impacto porque se seguirá creyendo que FB es un medio publicitario y no un mecanismo de movilización, y no se logrará aprovechar esas ventajas en favor de ningún candidato. Incluso si algún asesor de campaña insiste en usarlo como movilizador, el candidato se negará porque no quiere bases a las que luego tenga que responder, y FB crea en las bases la impresión de que importan, de que son criticas y de que es posible cobrarle los favores a los que se comprometieron casi personalmente con ellos al movilizarlos.
El tema de las movilizaciones juveniles lo dejo para más adelante...

La Yapa: la salida de Burga no cambiará el fútbol peruano. No se hagan ilusiones.

viernes, 29 de agosto de 2014

La incursión digital

No está aprobada, ni siquiera está revisada por muchos, pero mi tesis doctoral en ciencia política fue entregada hace unas semanas. Me tomo la libertad de colgar un enlace a una versión simplificada de la introducción, para aquellos que puedan estar interesados.

http://www.scribd.com/doc/237690244/EVMTesis-Intro-Simple-Para-Difusion