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domingo, 29 de junio de 2008

Ud. es la culpable: Melinda French Gates

Dos interesantes artículos que ponen el ojo sobre la mejor mitad de Bill Gates: su esposa, Melinda, quien es posiblemente la razón por la que la Fundación hace el trabajo que hace. Addy Dugdale, quien deja Gizmodo, nos dice que deberíamos darle buena parte del mérito a ella. Fortune le hace un perfil, mostrando que no solo es una mujer espectacularmente inteligente, sino también con ideas impecables y bien enfocadas, una católica comprometida con la que muchos de mis amigos se sentirían plenamente identificados. Ella es, pues, la culpable de lo bueno; hay que darle las gracias.

viernes, 27 de junio de 2008

Ave Bill Gates: el software como industria en la sociedad en red

No es novedad que Bill Gates ha dejado, tras más de treinta años, la conducción de Microsoft. Luego que Paul Allen dejó la empresa hacia mediados de los ochenta, Gates ha sido Microsoft como nadie en la historia de la informática ha sido una empresa: ni siquiera Steve Jobs ha tenido tanto peso durante tanto tiempo en una sola compañía.

No hay mucho que añadir sobre la vida y milagros de Gates, que ha sido tratada con lujo de detalles por autores como Stephen Manes, en la que sigue siendo la biografía estándar (a pesar de tener más de 10 años de publicada). Las ideas de fondo siguen siendo válidas: Gates es un programming wizard, pero no un hacker, puesto que su interés nunca fue cambiar el mundo sino hacerse rico; Microsoft fue siempre una empresa especializada en hacer buenos negocios antes que en innovar; Microsoft ha jugado sucio, quizá sin llegar a la ilegalidad pero por poco; Microsoft no ha sabido transformarse ante la cuarta etapa de la informática (rollo que espero desarrollar pronto).

Al mismo tiempo, Gates hace tiempo se transformó, a través de su fundación, en alguien completamente distinto. He tenido la suerte de trabajar con la Fundación Bill y Melinda Gates y es un grupo fantásticamente motivado, organizado y agresivo en el buen sentido de gente que ha sabido desde el comienzo cuáles son sus prioridades. No solo se trata de una fundación gigantesca, sino también muy bien focalizada: salud pública, información y bibliotecas, y la región de Seattle: that's it. Sus oficinas, funcionales y bien equipadas pero sencillas y sin complicaciones, son como Microsoft, según me cuentan los que trabajan ahí. No se trata de una empresa o una fundación dadas a las innovaciones en el espacio laboral como Google, o dispendiosa como una petrolera.

Y esto es, en mi opinión, lo más importante que deja Gates: Microsoft ha sido, desde sus inicios, una empresa innovadora no por lo que produce, sino por la manera como entendió el rol de sus productos en la economía contemporánea. Uno puede decir lo que quiera sobre la calidad del DOS o de Windows; sobre las aberraciones como Clippy, Bob o el Windows ME; uno puede detestar Office por haber destruido productos como WordPerfect o Lotus 1-2-3 o hasta Harvard Graphics; por lo que le hizo a Netscape; pero en el fondo, no puede dejar de admirar el hecho que mientras el resto de la industria informática hacia negocios sin mucha claridad o trataba de cambiar al mundo, Gates tenía claro que lo importante, lo significativo, era crear productos que se vendieran, y crear mecanismos de marketing que convencieran al mundo que esos productos eran lo mejor disponible cuando se consideraba el conjunto.

Gates y Microsoft jamás vendieron innovación informática: vendieron un producto para que las organizaciones y las personas pudieran innovar. Uno puede admirar el Firefox 3.0, pero el backoffice que justifica el crecimiento de la conectividad global y de la expansión de la Internet es muy probablemente creación de Microsoft.

La intensidad del compromiso empresarial de Microsoft permitió a esta empresa ser el tejido de la economía global de la información. No lo hizo con los mejores productos, y ciertamente ha dejado un agujero de innovación por donde el FLOSS puede entrar ahora, al haber despedazado la boyante pero pequeña industria micro informática en el proceso de triunfar. Pero el mundo hiperconectado de hoy tiene una deuda enorme con Microsoft, con la intensidad y la claridad de sus propósitos y la falta de pretensión tecnológica e ideológica alrededor de la empresa más grande de la industria.

Es posible que Microsoft no tenga realmente futuro, y que la riqueza de las redes, la presión de la piratería o la falta de innovación relevante para la computación en la nube la desbaraten. Pero los 30 años en que Gates creo una industria de la nada hasta convertirla, con nombre propio, en el centro mismo de la vida contemporánea, pues no es trivial.

Nada mal para un geek...

martes, 20 de noviembre de 2007

Premio Acceso al conocimiento 2008 - Fundación Gates

Given each year by our Global Libraries initiative, the foundation's Access to Learning Award recognizes the innovative efforts of public libraries or similar organizations outside the United States to connect people to information through free access to computers and the Internet.

Este premio tiene un muy simpático monto: un millón de dólares.

La Fundación Gates reconoce a través de este premio la excelencia en instituciones como las bibliotecas públicas (pero no solo ellas) que ofrecen acceso libre, sin costo alguno, mediante el uso de computadoras y la Internet, al público en general.

Las inscripciones de candidatos están abiertas hasta el 31 de diciembre del 2007. Las condiciones de postulación están aquí. El folleto está disponible aquí.

miércoles, 10 de octubre de 2007

Desafíos a la innovación tecnológica: arroz en Africa Occidental

Dirán qué guarda poca relación, pero cualquier reflexión sobre la tecnología y el desarrollo termina aterrizando en los mismos problemas: ¿cómo administrar la innovación?

El caso que presenta el New York Times sobre el arroz gratuito, libremente disponible, que las fundaciones Gates y Rockefeller prepararon para aumentar las cosechas en África occidental, pero que no ha logrado revertir las terribles bajas tasas de productividad, ni el hambre y la pobreza, puede ser leído como un ejemplo de la complejidad de las implementaciones tecnológicas y el riesgo de confiar en un ámbito de innovación como motor del cambio social.