A pedido de Susana Pastor, he presentado unas breves ideas sobre la fotografía y la tecnología de información y comunicación en el II Coloquio de Fotografía, que organiza el departamento de Comunicaciones de la PUCP del 10 al 12 de noviembre del 2009. Espero que no resulte en exceso presuntuoso, y que lo disfruten.
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Casi un blog mk.II
Blog profesional y personal de Eduardo Villanueva Mansilla, donde hablo sobre tecnología de la información, medios masivos y nuevos medios de comunicación, cultura y sociedad, y otras cosas que se me pasan por la cabeza.
miércoles 11 de noviembre de 2009
lunes 9 de noviembre de 2009
Google Wave: el futuro de algo, aunque no sepa bien de qué
Cortesía de un buen amigo, he estado jugando con Google Wave los últimos días. No es muy distinto a lo que me imaginaba, tras leer una serie de documentos, reseñas y parodias sobre este servicio que puede ser un cambio radical en nuestra comprensión de la comunicación mediada por computadoras, tanto como un patio de recreo geek completamente alejado de la realidad "real".
Como se ha dicho en otros sitios: Google Wave es una combinación de una sala de chat en tiempo real con documentos, fotos, y videos, de todo tipo y origen, donde se puede responder en cualquier punto de la cadena de comunicación, porque la Wave es un ejercicio de conexión con otras personas, en un tiempo real que puede ser no tan real, no solo porque uno puede leer las cosas en distintos momentos, sino porque se puede ir para atrás y para adelante.
Las capacidades multimedia de la Wave son muy buenas, y aparecen en el video siguiente en excelente forma (Advertencia: seriamente NSFW).
Lo que es evidente en el proceso de jugar con la Wave es que es una propuesta confusa porque efectivamente, rompe la manera como nos hemos acostumbrado a enfrentar la acumulación de información. En un caso cualquiera, las distintas instancias de comunicación surgen como elementos discretos que tenemos que rastrear, archivar y actuar; una conversación es una conversación, un chat es un chat, un documento es un documento, aunque cada uno de ellos trate de lo mismo, o mejor aún, aunque cada uno de ellos, una vez avanzado el proceso de comunicación, se conviertan en parte de una continuidad que cobra sentido conforme se va elaborando.
Google Wave postula que este orden emergente puede ser más obvio, y por lo tanto más eficientemente administrado, si convertimos las instancias discretas de comunicación en un flujo sin límites. Las partes individuales dejan de estar separadas y pasan a participar de una sola ola, la que permite rastrear, archivar y actuar de manera integrada.
Entonces, resulta evidente por qué es confusa: porque acostumbrados a entender los procesos de decisión, individuales y colectivos, como instancias de información que administramos colectivamente en la mente, Wave nos dice que no, que lo que hacemos en nuestra cabeza ahora hay que hacerlo en un solo espacio informático, una ola, que permite mucha mayor colaboración porque no tenemos que replicar información y porque, al menos en teoría, nos ofrece la misma vista de los elementos del proceso a todos.
Claro está, la subjetividad del usuario, del partícipe de un proceso de comunicación, no desaparece. Igual podemos entender las partes de distintas maneras, a pesar que se pierde la posibilidad de confusión intencional, cuando alguien decide no publicar o entregar a la "comunidad" parte del proceso. Pero la subjetividad igual puede hacernos entender las cosas de maneras disímiles, con la ventaja (o agravante) que la Ola puede servir de área de resolución de conflictos.
Pero esto nos obliga a ser primero, más organizados para proponer nuestros espacios de comunicación, dado que las olas pueden ser muy caóticas muy rápido. Por otro lado, también es posible que nos confundamos con el nuevo paradigma y que el costo de adaptarnos a él sea demasiado alto para que valga la pena, con lo que la Ola será un refugio colaborativo muy preciso antes que una herramienta transformativa.
En conclusión: el problema de la Wave no lo que puede hacer, tanto como que parece requerir un ejercicio de imaginación significativamente más intenso del que normalmente ponemos en las conversaciones en tiempo real. ¿Será por eso que es más difícil de entender que muchas otras cosas (pero no que las mujeres)?
Reseñas:
Ars Technica, como siempre de primera calidad.
Gizmodo ofrece una visión algo exagerada y quizá no muy cierta.
El video oficial de Google, y otro que muestra qué se puede hacer.
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Como se ha dicho en otros sitios: Google Wave es una combinación de una sala de chat en tiempo real con documentos, fotos, y videos, de todo tipo y origen, donde se puede responder en cualquier punto de la cadena de comunicación, porque la Wave es un ejercicio de conexión con otras personas, en un tiempo real que puede ser no tan real, no solo porque uno puede leer las cosas en distintos momentos, sino porque se puede ir para atrás y para adelante.
Las capacidades multimedia de la Wave son muy buenas, y aparecen en el video siguiente en excelente forma (Advertencia: seriamente NSFW).
Lo que es evidente en el proceso de jugar con la Wave es que es una propuesta confusa porque efectivamente, rompe la manera como nos hemos acostumbrado a enfrentar la acumulación de información. En un caso cualquiera, las distintas instancias de comunicación surgen como elementos discretos que tenemos que rastrear, archivar y actuar; una conversación es una conversación, un chat es un chat, un documento es un documento, aunque cada uno de ellos trate de lo mismo, o mejor aún, aunque cada uno de ellos, una vez avanzado el proceso de comunicación, se conviertan en parte de una continuidad que cobra sentido conforme se va elaborando.
Google Wave postula que este orden emergente puede ser más obvio, y por lo tanto más eficientemente administrado, si convertimos las instancias discretas de comunicación en un flujo sin límites. Las partes individuales dejan de estar separadas y pasan a participar de una sola ola, la que permite rastrear, archivar y actuar de manera integrada.
Entonces, resulta evidente por qué es confusa: porque acostumbrados a entender los procesos de decisión, individuales y colectivos, como instancias de información que administramos colectivamente en la mente, Wave nos dice que no, que lo que hacemos en nuestra cabeza ahora hay que hacerlo en un solo espacio informático, una ola, que permite mucha mayor colaboración porque no tenemos que replicar información y porque, al menos en teoría, nos ofrece la misma vista de los elementos del proceso a todos.
Claro está, la subjetividad del usuario, del partícipe de un proceso de comunicación, no desaparece. Igual podemos entender las partes de distintas maneras, a pesar que se pierde la posibilidad de confusión intencional, cuando alguien decide no publicar o entregar a la "comunidad" parte del proceso. Pero la subjetividad igual puede hacernos entender las cosas de maneras disímiles, con la ventaja (o agravante) que la Ola puede servir de área de resolución de conflictos.
Pero esto nos obliga a ser primero, más organizados para proponer nuestros espacios de comunicación, dado que las olas pueden ser muy caóticas muy rápido. Por otro lado, también es posible que nos confundamos con el nuevo paradigma y que el costo de adaptarnos a él sea demasiado alto para que valga la pena, con lo que la Ola será un refugio colaborativo muy preciso antes que una herramienta transformativa.
En conclusión: el problema de la Wave no lo que puede hacer, tanto como que parece requerir un ejercicio de imaginación significativamente más intenso del que normalmente ponemos en las conversaciones en tiempo real. ¿Será por eso que es más difícil de entender que muchas otras cosas (pero no que las mujeres)?
Reseñas:
Ars Technica, como siempre de primera calidad.
Gizmodo ofrece una visión algo exagerada y quizá no muy cierta.
El video oficial de Google, y otro que muestra qué se puede hacer.
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Comunicación,
Google,
Google Wave
jueves 5 de noviembre de 2009
Dos eventos, un rollo
No asistí al coloquio de ciberperiodismo de la semana pasada en la PUCP porque en realidad, a mí no me interesa el ciberperiodismo. Lo que me atrae de todo este rollo es la viabilidad a mediano plazo del periodismo como lo entendemos, en el contexto de lo que podemos llamar convergencia.
Convergencia es un tema tratado con poca sistematicidad. Personalmente tengo un rollo que no he publicado por falta de tiempo y oportunidad, pero que me sirve para entender que las separaciones tradicionales entre prensa, televisión, radio y demás, no tienen el más mínimo sentido. Como industria y negocio, el futuro de la prensa está completamente integrado con el resto de la mediaesfera, que incluye a los nuevos medios.
Pero no siempre sobrevivirá el más fuerte, ni el más ágil, ni el más ruidoso; sobrevivirá el más adaptado, a un entorno que está cambiando permanentemente y que todavía no parece establecer un camino económicamente viable ni socialmente relevante para la función periodística.
¿Por qué estos rollos? Porque me han pedido que hable de estos temas para dos eventos, el taller de periodismo de opinión que organiza la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la PUCP, para profesores de facultades afiliadas a APFACOM (más datos, pero no muchos, aquí); y en CIESPAL, para el seminario La reinvención del periodista, que quiere darle material a los periodistas para enfrentar los problemas de lo digital.
Tengo varias ideas sobre este gran rollo, que iré soltando a lo largo de los próximos días, junto con algunos documentos, enlaces y demás. Si son profesores de facultades afiliadas a APFACOM, el taller va a estar en cotton; si son periodistas, pueden presentarse para ir al evento de CIESPAL con alguna de las becas que otorga la OEA.
En cualquiera de los dos casos: estos rollos son fundamentales. Afectarán tanto la formación como el futuro profesional y la viabilidad financiera de los periodistas, y de la comunicación social toda. Vale la pena conversarlos.
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Convergencia es un tema tratado con poca sistematicidad. Personalmente tengo un rollo que no he publicado por falta de tiempo y oportunidad, pero que me sirve para entender que las separaciones tradicionales entre prensa, televisión, radio y demás, no tienen el más mínimo sentido. Como industria y negocio, el futuro de la prensa está completamente integrado con el resto de la mediaesfera, que incluye a los nuevos medios.
Pero no siempre sobrevivirá el más fuerte, ni el más ágil, ni el más ruidoso; sobrevivirá el más adaptado, a un entorno que está cambiando permanentemente y que todavía no parece establecer un camino económicamente viable ni socialmente relevante para la función periodística.
¿Por qué estos rollos? Porque me han pedido que hable de estos temas para dos eventos, el taller de periodismo de opinión que organiza la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación de la PUCP, para profesores de facultades afiliadas a APFACOM (más datos, pero no muchos, aquí); y en CIESPAL, para el seminario La reinvención del periodista, que quiere darle material a los periodistas para enfrentar los problemas de lo digital.
Tengo varias ideas sobre este gran rollo, que iré soltando a lo largo de los próximos días, junto con algunos documentos, enlaces y demás. Si son profesores de facultades afiliadas a APFACOM, el taller va a estar en cotton; si son periodistas, pueden presentarse para ir al evento de CIESPAL con alguna de las becas que otorga la OEA.
En cualquiera de los dos casos: estos rollos son fundamentales. Afectarán tanto la formación como el futuro profesional y la viabilidad financiera de los periodistas, y de la comunicación social toda. Vale la pena conversarlos.
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Estudio de la Internet,
Periodismo,
PUCP
Nada en particular...
Salvo tres videos que me parecen muy simpáticos:
Primero: ¡Google fue inventado en Plaza Sésamo!
Segundo: un video sobre el desarrollo (no me gusta usar evolución) de los videojuegos:
Finalmente: tengo esta canción en la cabeza hace varios días, no sé muy bien por qué.
Abur,
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Primero: ¡Google fue inventado en Plaza Sésamo!
Segundo: un video sobre el desarrollo (no me gusta usar evolución) de los videojuegos:
Finalmente: tengo esta canción en la cabeza hace varios días, no sé muy bien por qué.
Abur,
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martes 3 de noviembre de 2009
II Coloquio Peruano de Fotografía
Tengo el placer y el privilegio de haber sido invitado como moderador en una mesa del II Coloquio Peruano de Fotografía. Organizado por Susana Pastor, desde el departamento de Comunicaciones PUCP, será un evento interesante que intenta acercar la práctica de la fotografía a la reflexión académica, en varios planos, incluyendo la creación, el mercado, lo tecnológico y la memoria, entre otros.
Del 10 al 12 de noviembre, en el Centro Cultural PUCP, en San Isidro.
Nos vemos, el ingreso es libre previa inscripción. Todos los enlaces necesarios aquí.
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Del 10 al 12 de noviembre, en el Centro Cultural PUCP, en San Isidro.
Nos vemos, el ingreso es libre previa inscripción. Todos los enlaces necesarios aquí.
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sábado 31 de octubre de 2009
Nuestra señora querida: la Internet a los cuarenta
No tiene mucho sentido hacer panegíricos a la Internet. Es una dama respetable a la que todos conocemos, y muchos respetamos.
Pero sí quiero difundir esto: un ejercicio de memoria colectiva / infografía multimedia del Guardian que es el mejor homenaje a esta señora de las cuatro décadas (qué bajo estoy cayendo...) que he visto en esta semana: A people's history of the Internet recoge datos, imágenes y videos, pero también entrevistas y sobre todo, testimonios de usuarios más o menos comunes y silvestres, que le dan al reportaje un color especial. Es por eso un ejemplo impecable de la potencia del periodismo digital bien diseñado, y no me refiero a la diagramación.
Año interesante: hemos tenido los cincuenta de Kind of Blue y de Asterix, los cuarenta de la Internet y de Monty Python. Hasta los treinta de la primera novela de HHGTTG. Deben haber otros aniversarios que se me escapan, pero no importa.
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Estudio de la Internet,
Periodismo
La Habana 1986-2009
Tiene como 500 años de fundada y como 50 de edad. Una especie de cápsula del tiempo de incomprensible atracción, donde la precariedad, la confusión y la falta de recursos suele disimularse para el visitante muy bien, pero que marca lo cotidiano de los habitantes, acostumbrados a lidiar con problemas extraños para aquellos que venimos del otro mundo, del capitalismo en serio.
Porque partamos de un sinceramiento mínimo: Cuba es esencialmente un país capitalista a la latinoamericana, pero con una superestructura autoritaria, controlista. El capitalismo es lento, ineficiente y tiende a la concentración; no acaba con la pobreza pero garantiza el consumo excesivo y la falta de respeto al medio ambiente. La diferencia está en que a la larga, todo termina en manos de un gran agente económico, el estado, y que el propósito final del movimiento económico no es más que el garantizar que el estado siga incólume en su función de control de la sociedad.
Por eso es que La Habana, con sus pequeños cambios y cosmética mejorada, sigue detenida en el tiempo. El tiempo no puede marchar muy rápido porque se podría perder el control ejercido los últimos 50 años.
Esto no le quita belleza. Para el visitante, es un sueño, no demasiado caro si se tiene una moneda fuerte, y no demasiado difícil si se sabe cómo lidiar con la informalidad. Pero eso sí: el cambio en la sociedad cubana, tras 18 años de desaparición de la Unión Soviética y con el sinceramiento capitalista actual, es brutal.
Yo he vivido en La Habana y la he visitado tres veces más después, e incluso en los buenos tiempos de la abundancia a medias de la burbuja soviética, la vida cotidiana era un gran desafío, con cientos de pequeños trucos para sobrevivir no tan a la escasez sino a la falta de opciones. Recuerdo como en la zona comercial de Centro Habana, de pronto, un sábado cualquiera, llegaron unas repisas de plástico, probables primeros logros de la industria ligera china de mediados de los ochenta. Por tres horas, la gente se repetía en la calle pidiendo instrucciones precisas del lugar en donde se podía adquirir eso; compras habituales o planificadas se postergaban en la búsqueda del plástico añorado, y para el mediodía no había más que un pequeño aviso, indicando el precio del artículo, en el almacén que logró vender sin inconveniente alguno todas sus existencias en tres horas. ¿Cuándo volverían las repisas de plástico color rojo a La Habana? Quién sabe, tal vez nunca volvieron.
El desafío ahora es totalmente distinto. Para el que no tiene acceso a suficientes ingresos, el costo de vida real ha crecido y lo que se puede comprar es poco y sin muchas variantes, pero no llega a los niveles de brutal escasez de la década pasada; digamos que una pobreza pasable, aunque con algunos que la pasan peor, como los mendigos que ahora no son tan raros. Esto no implica que la vivienda no sea una pesadilla: todo lo contrario, el deterioro de las casas es impresionante e impacta.
Pero si se tiene acceso a los Cucos, como algunos peruanos le decían a los pesos cubanos convertibles en un reciente evento académico, la cosa es mucho más simple. Astutamente, el partido decidió sincerar la economía con una devaluación completamente disimulada hace varios años, al crear el C.U.C. Con él se puede comprar de todo, con él se tiene acceso a todos los sitios y a todos los servicios. Lástima que los ingresos de los cubanos de a pie sigan en "M.N.", de la cual se necesita 22 para comprar un Cuco. Y eso no evita el control político, con jornadas ideológicas mezcladas con centros comerciales.
Claro, en los ochenta, un viaje en guagua, una Ikarus húngara, costaba cinco centavos; ahora, subirse a una YuTong china cuesta un peso. Un taxi es en C.U.C., como lo es el petróleo, las gaseosas importadas, la ropa de marca, los productos de tocador que hay en las farmacias con afiches publicitarios en las vitrinas. Los viejos libros de la editorial Arte y Literatura que antes costaban 1.25 ahora cuestan 30, y siguen siendo una ganga para el extranjero, pero ya no son una compra de impulso para el cubano. La censura ahora toma formas más sutiles: no hay plata para editar libros, por lo que no hay la oportunidad de no imprimir las obras de los autores prohibidos.
Pero aunque La Habana ahora tiene tráfico, con semáforos sincronizados a lo largo de la muy bien conservada Quinta Avenida de Miramar, y que hay más hoteles de cadenas, y que La Habana Vieja está espléndida, aunque muy comercializada, las cosas siguen en un ritmo distinto al del resto del mundo. Hay menos luces en las calles y menos autos, incluso en las zonas donde hay movimiento y diversión, que en otras ciudades latinoamericanas (hay Ticos, para hacernos sentir en casa...). Los jóvenes cubanos pueden bailar reggaetón pero el tempo cotidiano es más guarachero, más de un son. La gente espera en las puertas y los umbrales, conversa y fuma como en una vieja película, y la vida discurre con paso tropical, que no quiere decir un baile acelerado, sino una premeditada cadencia en piano ma non tanto, un deslizarse elegante pero calmo. El aire nocturno es delicioso, cálido e invitante en su suavidad.
Para el visitante, La Habana es una ciudad fácil: fácil de entender, fácil de disfrutar, fácil de querer. La Habana camina, no corre ni va en auto, ni siquiera en los viejos Plymouths de antes de la revolución. La Habana es una enorme vereda tropical.
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