martes, 18 de noviembre de 2008

Cinco temas a partir de la crisis en Peru 21

El silencio del periodismo frente a la crisis de Peru 21 ha puesto la conversación en la blogósfera peruana (por favor, eso de cholósfera es inadecuado) en particular relieve, y al mismo ha mostrado sus limitaciones. Esto no impide seguir el debate, porque saltan a la vista cuestiones muy críticas sobre los medios, la prensa, los nuevos medios y la esfera pública luego de esta crisis. Plantearé cada uno de los cinco temas que más me llaman la atención, con un breve bosquejo de su importancia.

El cruce de intereses debería ser transparente: un argumento presentado en varios posts y comentarios sobre esta crisis incide no solo en el evidente pleito entre el nuevo poder del grupo El Comercio y periodistas acostumbrados a ser autónomos, como Augusto Álvarez Rodrich; también se plantea que hay un conflicto directo entre los intereses de un miembro de la familia Miro Quesada y la posición de Peru 21 frente al aeródromo y aeroclub de Collique. No tengo idea de la veracidad de esta relación, pero lo cierto es que los tiempos en que El Comercio representaba los intereses familiaries sin empacho como línea editorial ya pasaron. Todos los miembros de los directorios de empresas mediáticas deberían dejar en claro cuáles son sus relaciones empresariales, y cualquier conflicto de interés entre lo que hace el medio y lo que hace el empresario debería ser puesto explícitamente, en blanco y negro, a la hora de cubrir un hecho o investigar algo. No se espera que se inhiban o que se alejen: solo algo tan simple como decir "en el tema del aeródromo de Collique, este diario quisiera aclarar que un miembro del directorio del grupo empresarial al que pertenece tiene un familiar participando en una licitación para utilizar los terrenos; exponemos esto para evitar cualquier malentendido". Apenas un ejercicio de transparencia, que hubiera evitado, siquiera por vergüenza ajena, situaciones como el lejano reportaje de Panorama que bajo la mentira de hablar del futuro de la Costa Verde, promovía negocios familiares.

Los medios todavía son hechura de sus líderes: si algo queda claro luego de la salida de AAR de Peru 21, es que el diario lo hizo él, y que el grupo El Comercio va a vérselas bien difícil para reinventar el diario, porque mantenerlo como estaba es imposible. Uno puede no estar de acuerdo con muchas cosas de Peru 21 pero tanto la calidad personal como el estilo periodístico del director hicieron de ese medio lo que fue, como las cartas de renuncia lo dejan en claro. Al mismo tiempo...

No sabemos realmente por qué compra la gente un diario en particular, ¿o sí? La primera impresión es que la élite política, periodística y educacional de Lima (no puedo hablar por provincias) puede sentirse golpeada por estos cambios, pero dudo que alguien realmente se atreva a hacer un pronóstico sobre el futuro inmediato del diario. Si Peru 21 era comprado por sus columnistas, está muerto; si lo era por su cobertura política, dependerá de cuánto sufra en las circunstancias actuales por la búsqueda de "gobernabilidad" del grupo El Comercio; si era por los comics, el crucigrama, la facilidad de lectura, la Chica 21, nada pasará. Claro, es complicado saber realmente cómo le va a un diario en el Perú, más allá de deducciones, inducciones débiles y anécdotas. Pero las pistas anteriores deberían servir para ver qué hacía, ante los ojos del público, a Peru 21 un diario atractivo. Lo que nos lleva a...

Realmente, ¿cuánta autonomía puede esperar un periodista? Uno de los inevitables debates tiene que ver con la capacidad de decisión del directorio del grupo frente a la autonomía del periodista. Aceptemos que Peru 21 es un negocio propiedad de una empresa, aunque creo que por salud pública los intereses del grupo y de los miembros del directorio deberían ser transparentes. Pero aceptemos también que un diario ocupa un espacio importante en la esfera pública y tiene un rol que cumplir en la formación del debate nacional, y esta responsabilidad pública debería reflejarse en su accionar. El grupo debería tener un contrato explícito con el público en el que se diga qué espera del medio y hasta dónde lo dejará ir, para que quede claro para todos los interesados qué haría que el director se vaya: un compromiso moral de respetar la autonomía del medio. El mecanismo que algunos diarios usan es el ombudsman del lector, que garantizaría este contrato. Pero que un director debe irse si el directorio empresarial no se siente cómodo con él, me parece lógico. El problema es también empresarial, porque como ya se dijo, Peru 21 es la hechura de AAR. Perderlo, es perder el negocio.

Los nuevos medios son cada vez más importantes, pero realmente eso no importa: que este debate tenga lugar en la blogósfera local, con un significativo impacto de lectoría, es significativo. Pero no nos engañemos: esto sigue siendo una capilla. Somos pocos los que nos leemos, porque en general, con el deterioro del poco espacio público que hemos tenido en el país, pocos son los interesados en estos intríngulis. Igual es fascinante participar en la conversación.

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3 comentarios:

Aquiles Martin dijo...

Felicidades, al menos uno de los bloggers no ha perdido la cordura.
Saludos

karlos alberto dijo...

de acuerdo..... el dia que mejore la educacion de nuestros compatriotas va a ser mas dificil manipular la informacion , para los oscuros intereses de los grupos de poder , economicos o facticos de nuestro peru ... saludos

Eduardo Villanueva dijo...

Aquiles, gracias. No creo ser el único (ni siquiera creo ser un bloguero), aunque en estos tiempos parece haber poca cordura.