domingo, 12 de septiembre de 2010

Mistura 2010, bajo el peso del éxito


Que la experiencia es impresionante, no cabe duda. Más grande, con más expositores, más áreas, más comida, más gente... todo es un aumento en Mistura, y el éxito es reflejo del interés del público, no cabe duda, así como de la importancia identitaria que está alcanzando la comida peruana, tampoco me cabe duda. En suma: una excelente inversión y un disfrute pleno de los sentidos, desde la vista hasta el sabor, pasando por el olfato y el tacto (la escucha no tiene mucha ayuda por el ruido ambiental). Pero creo que hay por lo menos dos factores más que considerar, y no son saludables para el futuro de esta exposición.

El primer es el factor moda: está de moda la comida, Mistura es la expresión más asequible de esa moda, hay que ir. No necesariamente para experimentar nada nuevo, o para explorar sobre temas conocidos. El ejemplo concreto: en el Rincón del Café, varios productores de buen café ofrecían sin problemas ni aglomeraciones mientras Tunki, sin duda un producto singular, tenía colas constantes. ¿De pronto somos los limeños gourmets del café? Hace tiempo que dije que no lo creo, y por eso pienso que parte de la moda de la comida se expresa en ir a Mistura y comer y tomar lo que está de moda, más allá de consideraciones sobre la efectiva mejor calidad de esa experiencia.

El segundo punto es una señal potencial de madurez. Mistura comenzó relativamente modesto e inclusivo, no solo en la intención culinaria sino de intereses: feria gastronómica, feria de comida, feria de productos, feria para la industria, evento académico. Todo eso sigue estando ahí, pero superpuesto, aglomerado, amontonado. Al mismo tiempo que la gente hace colas de horas para comer chancho al palo o fetuccini a la huancaína, restaurants más sofisticados no tienen colas, porque el público mayoritariamente va a experiencias relativamente manejables; en esta celebración de la riqueza de la comida peruana hay colas para comprar en China Wok, o para picarones y anticuchos. Nada de malo, pero tampoco algo que merezca una feria.

El problema es que tantas narrativas, tantas intenciones, juntas y revueltas, terminan negándose unas a otras. Todos van a Mistura, incluso con bebitos en coche, que es una pésima idea porque estorban y porque tantos estímulos no son saludables para un bebé de meses; pero no todos van a lo mismo, y entonces la experiencia se vuelven inmanejable para los que van a la feria gastronómica y terminan topándose a cada instante con las multitudes que van a la feria de comidas.

Esta vocación por la diversidad es buena pero creo que la escala de Mistura no la permite más. Que hayan vendedores de utensilios de cocina, degustaciones de pisco, proveedores de bodegas y helados Donofrio todos mezclados a diez metros de distancia no permite hacer nada con calma. Como ha sido un éxito, el próximo año irá más gente y las aglomeraciones, mezcolanzas y desorden seguirán creciendo, sin importar el esfuerzo de los organizadores, que han hecho de un espacio poco propicio un ambiente coherente y fácil de navegar; pero igual, es demasiado.

Creo además que a los limeños nos están faltando con desesperación lugares a dónde ir y experiencias singulares que explorar. Más allá del miserabilismo de algunos que piden que sea gratis, Mistura es una inversión privada que tiene que por lo menos buscar no tener pérdida, y parece ser que lo logrará; pero hacerlo creando semejante desabarajuste parece contraproducente. A la larga, Mistura, creada para celebrar la diversidad, nos están dando un espacio para ignorarla: vamos a hacer lo que hemos pensado que es Mistura para nosotros, sea chancho al palo, sea el helado de aguaje, sea la compra de ofertas de Lee Kum Kee. Una oportunidad de enfrentar y aprender de nuestra diversidad se pierde porque hay demasiada gente para aprovechar los espacios creados para ello: el excelente ejercicio de didáctica que es el puente de la biodiversidad marina de la UPCH desaparece entre los humos de las cocinas rústicas, como en general la idea de ofrecernos un espacio para descubrir mejor quiénes somos los peruanos se difumina entre las masas que buscan lo que ya sabían que les gustaba. Si hubiera habido un McDonald's, estoy seguro que las colas hubieran llegado al MALI.

Para evitar que Mistura termine siendo un arroz con mango (metáfora culinaria para ser consistentes con el tema de la feria) debería insistir más en la didáctica para darle una lógica a la diversidad. Quizá menos comida y más gastronomía, menos puestos y más paneles, o un espacio en donde la caminata nos permita escuchar las voces que hacen la comida peruana antes que ir de frente al sánguche de lechón. Hay sitio para todo, hay necesidad de todo, pero por ahora, la sensación que queda es que Mistura, para mostrar la diversidad, tiene que ser menos generosa en su inclusividad.
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1 comentario:

Cognos dijo...

Mientras buscaba que comer pero que no tenga cola pensaba "hemos cambiado el Tagada de la feria del hogar por el Chancho al Palo en Mistura"

Y creo que esta bien, solo que la escala del lugar no lo permite...en un local como lo que era la FIP en San MIguel podrian meter todo lo que quisieran con mas orden. Y un plano de verdad, ese que reaprtian era una broma no ayudaba en nada.