domingo, 18 de abril de 2010

La creación intelectual y el plagio

Una controversia bastante seria se está armando entre mi universidad y la Asamblea Nacional de Rectores, a propósito del plagio. El comunicado publicado el domingo 18 por la PUCP pone la situación así:
  1. Los casos de plagio, que en la PUCP son sancionados con un semestre de suspensión, son calificados como falta menor por el CODACUN, el Consejo de Asuntos Contenciosos Universitarios.
  2. El CODACUN califica al plagio como "comportamiento natural de los estudiantes"
  3. El CODACUN dice que "la enseñanza consiste fundamentamente en la repetición constante de ideas y formulaciones ajenas, omitiéndose muchas veces, por economía, las fuentes".
No me atormenta tanto como a la PUCP que hayan usado a la Wikipedia para basar sus opiniones: el escándalo es que una colección de ex-rectores y ex-decanos de facultades de derecho usen una enciclopedia, cualquiera sea esta, como base de una resolución administrativa. Ciertamente, lo más escandoloso es que se sientan capaces de decir lo que han dicho con entera naturalidad y no sean conscientes del ridículo, de la ignorancia, de la pobreza y estrechez mental, que muestran al decir las dos perlas que aparecen citadas en el comunicado de la PUCP.

Comencemos por lo básico: si la enseñanza universitaria existe, es para educar a sus estudiantes, no solo para transmitirles conocimientos. Es más, la idea moderna de universidad, que además se basa en la naturaleza colegial de la universitas medieval, es que se trata de una comunidad de académicos en permanente proceso de formación, en la cual algunos ingresan para no salir nunca, y otros van saliendo conforme adquieren las habilidades y conocimientos necesarios para la vida en sociedad y su desempeño económico. Claro está, la masificación de la universidad ha hecho que cada vez sean más los que viven la universidad como un paso, no como una decisión de vida, pero igual, las grandes universidades del mundo, y las que pretenden no ser malas, quieren construir su trabajo a partir de la noción de un grupo colegiado de académicos que van formando a nuevos talentos en la comunidad académica.

El reconocimiento de los aportes ajenos es la clave de esta comunidad: como dijo Isaac Newton, citando a Bernardo de Chartres, nanos gigantium humeris insidentes. Solo somos lo que los aportes anteriores nos permiten ser. Y el primer paso para reconocer este hecho, que lo que logramos se debe a que estamos subidos en los hombros de gigantes, es decir de dónde sale todo lo que tomamos, para identificar claramente lo que estamos aportando.

El aporte de un alumno en una monografía puede parecer ínfimo, pero no por ello es menos fundamental. Desde el primer trabajo que se hace al entrar a la universidad, hasta la tesis doctoral, o el libro teórico que refunda una disciplina, la secuencia es la misma: identificar lo que otros han dicho, construir sobre ello, y aportar algo nuevo. El reconocimiento de lo anterior es crítico porque permite destacar el logro personal; es decir, si no decimos que otros han llegado hasta la colina, ¿cómo podemos reclamar que estamos conquistando la ciudad? Porque es evidente que no podemos decir que todo lo hemos hecho solos. No citar por economía, es justificar la flojera, o la deshonestidad, pues en muchos casos el acto de plagio no es simplemente no citar, sino copiar descaradamente trabajos ajenos y ponerles el nombre propio.

El plagio entonces no es más que un reconocimiento de nuestra propia pequeñez intelectual, de nuestra incapacidad de decir nada nuevo. Plagiar es aceptarse mediocre y renunciar a intentar ser otra cosa.

Decir que el comportamiento natural de los estudiantes es el plagio, resulta una justificación ontológica de la mediocridad. Decir que la universidad debe aceptar este comportamiento y no hacer nada para combatirlo es aceptar que el Perú es un país mediocre y que no puede hacer nada al respecto.

Así estamos: en manos de mediocres que no ven más allá de la Wikipedia. Y luego nos asombra que Keiko pueda decir que está preparada para ser presidente por su obra social, o que el muertito capataz diga que las barbaridades que le está haciendo a Lima son lo mejor que se puede hacer, o que Humala pueda pretender ser de izquierda cuando no es más que un gorilón ensoberbecido. Si las autoridades universitarias son como los escribas del CODACUN, entonces, ¿por qué habría de esperarse algo mejor del ciudadano de a pie?
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3 comentarios:

Orl dijo...

Negar la realidad como pretende la PUCP no construye otra. (no cito a nadie porque no se si ya lo habrán dicho antes -hasta este extremo hay que llegar por tan absurda política contra el "plagio"-)
Lo que hizo el CODACUN es reconocer una realidad y, a pesar que es algo de sentido común, citó a Wikipedia como repositorio de esas ideas universales.
Muchos de los inventos que ahora son ordinarios dispositivos (p.ejm: el láser, el telégrafo, etc.) fueron objeto de elaboraciones simultáneas (no sé si ya lo habrán dicho antes... etc.) y no por ello constituyen plagio a pesar que solo uno pudo obtener la patente.
Por ejemplo, en un curso de Filosofía I, resulta hasta absurdo que en cuestiones que contemporáneamente son elementales, se tenga que empezar desde el inicio citando a fulano, zutano y perencejo sobre asuntos que ya son parte del sentido común. Lo mismo sería citar a pitágoras cuando se quiera hablar de un triángulo o al arquitecto de la pirámide que vió.
La cita sólo es válida cuando la investigación es sobre el Estado del Arte, no aceptar que se puede tener la misma idea que otro que es desconocido es inválido.
Hay asuntos donde no hay más que decir, donde la propia opinión es simplemente que se está de acuerdo con lo que dice tal persona y eso "de tu propia cosecha" (que dijo algún JP de EEGG en alguna época) pues es algo agotado.
La universidad ha perdido el juicio y debe acatar, en lugar de evadirse, o dejar de pontificar en otros casos y retractarse.

Eduardo Villanueva dijo...

A ver Orl, vamos a discutir:

1. Una realidad, efectivamente. El plagio es una realidad, lo que no la hace válida como tampoco la realidad del transporte urbano hace aceptable que los choferes se pasen la luz roja.

2. Tu ejemplo de los inventos es ridículo. No tiene nada que ver, para comenzar, porque no discute la originalidad de las ideas, solo el hecho que varios pueden llegar a lo mismo más o menos al mismo tiempo, precisamente porque hay conocimientos compartidos. El regimen de patentes, por lo demás, no funciona bajo el mismo criterio que los trabajos académicos.

3. ¿Por qué resulta absurdo citar en Filosofía 1? Para comenzar, el acto de citar demuestra que no estás usando tu sentido común, sino conceptos, los que no son el resultado de tu imaginación, sino que vienen de la literatura. Si no sabes la diferencia entre una cosa y otra, pues comienza a leer.

4. La misma idea no es lo mismo que levantarte lo que otros escriben y no reconocerlo.

5. No se trata de opiniones. Se trata de argumentos bien construidos a partir de primeros principios, axiomas o conceptos. Espero entiendas la diferencia, porque precisamente ahí nace el reconocimiento de los aportes previos.

6. "La cita solo es válida cuando la investigación es sobre el Estado del Arte" es una oración antológica. ¿Estás diciendo que en los demás casos no es válida, es decir que es incorrecto usarlo?

7. Efectivamente, hay asuntos en donde no hay más que decir. Pero en muchos de ellos, lo que se busca es que el estudiante demuestre que puede construir un argumento en base a conceptos bien documentados. No se trata, y espero que esto te quede claro, de opiniones.

8. La universidad no ha perdido ningún juicio: se ha emitido una resolución administrativa en su contra, y tiene derecho a recurrir a otras instancias.

Sería interesante saber quién eres, y cuáles son tus aportes académicos para fundamentar la autoridad con la que calificas el plagio como una realidad que no necesita cuestionamiento, o que te lleva a considerar un argumento como opinión.

Ivo dijo...

En la PUCP hay una ORL(=Oficina de Relaciones Laborales)