sábado, 14 de diciembre de 2013

Ley Universitaria: lo (mucho) malo, lo bueno (ausente)

El dictamen del proyecto de ley universitaria merece una revisión detallada: espero colgar una versión apostillada en unos días. Pero sí tengo una opinión general que es bien poco favorable de este proyecto, que en general abusa de retórica innecesaria, es redundante, demasiado regulatorio en donde no debería, y en exceso ingenuo respecto al poder de ciertas normas para controlar los peores aspectos de la tarea universitaria en el Perú.

Quizá la manera más simple de ilustrar el punto es destacar algunos vacíos llamativos, que hacen pensar en la coherencia general del trabajo realizado. Por ejemplo, miremos el artículo 3, la definición de universidad, que dice que la universidad es "una comunidad académica orientada a la investigación y a la docencia para brindar una formación humanista, científica y tecnológica a los futuros profesionales". Inmediatamente salta a la vista la insistencia en "futuros profesionales", es decir el énfasis en el pregrado; sin embargo, esta misma ley crearía obligatoriamente vicerrectorados de investigación e institutos de investigación en todas las universidades. Es perfectamente posible formar futuros profesionales de manera completamente adecuada sin tener burocracia de investigación, con poca o nula investigación sino apenas actualización (cosas distintas), incluso sin ser una comunidad académica; es decir, podemos tener buenas universidades orientadas a la formación profesional, distintas a aquellas que buscan concentrarse en la formación de graduandos en maestrías o doctorados. Esta distinción no aparece por ninguna parte, y más bien se insiste en el carácter formativo básico como universal, al mismo tiempo que se plantea la misma exigencia de investigación, como aspecto burocrático, en cada caso.

Por otro lado, se crea una autoridad nacional, la SUNEU, que tiene atribuciones generales como "diseñar políticas", junto con autoridad final sobre cosas tan precisas como la creación de programas o la cancelación de autorización de una universidad, supervisar el otorgamiento de grados y títulos mediante un procedimiento unificado, etcétera. Aclaro: no me parece mal la supervisión como principio, pero aquí se está planteando una burocracia enorme que tendrá que hacer un esfuerzo muy grande para estar al día en todos los temas que puedan interesarle a una universidad. Pienso en cómo hará esta institución para supervisar a los colegas de Física o de Filosofía sin contar con gente tan bien acreditada como aquellos que estarían en las universidades mismas, tomando decisión sobre la formación doctoral en estas materias; inevitablemente, me pregunto si tiene sentido hacerlo, puesto que se supone que si estas personas abundasen en el país, no tendríamos una formación universitaria tan deficiente.

En suma: la ley pretende crear un modelo universal de educación superior sin considerar su conveniencia y viabilidad, a partir de un diseño institucional rígido y más bien arcaico. Al mismo tiempo se propone un sistema muy poderoso de control estatal de la educación superior universitaria, el cual sería ideal si no tuviera algunas rigideces innecesarias.

Este proyecto está claramente inspirado en la noción intuitiva que basta una buena ley para crear la realidad que queremos. Aparte de este voluntarismo, de por sí discutible, ignora lo que me voy a permitir llamar el Principio Dargent: todas las instituciones en el Perú se criollizan. Es decir, en el fondo el problema de la universidad no yace en la ley, sino en la manera como actuan las personas que constituyen las organizaciones y en lo que están buscando. Creer que impedir la reelección de autoridades universitarias hará que desaparezca la corrupción o que la calidad aumentará gracias a vicerrectorados de investigación y tesis de bachillerato, es ignorar que las universidades buenas hacen su trabajo porque se lo toman en serio y que las malas encontrarán la manera de funcionar bajo esta ley y seguir siendo corruptas o mediocres. El daño potencial para las buenas instituciones será rigidez y falta de continuidad, mientras que para las malas el efecto será trasladar la corrupción a otro nivel.

El riesgo de aprobar esta ley es terminar amarrados a un ordenamiento legislativo que por otros 20 años nos mantenga bajo las mismas condiciones que ya tenemos pero con apariencias distintas. Por eso no debería ser aprobada; no porque afecte la autonomía, sino porque no servirá para cambiar lo que necesitamos cambiar y hará que lo malo predomine sobre lo bueno.

Añadido del domingo 15: aquí está mi versión comentada del dictamen del proyecto de ley. Me reafirmo: es un proyecto nocivo y peligroso, y no por la SUNEU, sino por el controlismo y la rigidez con la que se ve el sistema universitario, y las inconsistencias y vacíos de la propuesta. 

3 comentarios:

lebce dijo...

Eduardo, es absurdo que se legisle sobre la base de un modelo cuando en todo el mundo la universidad está en crisis y procurando reinventarse. Se necesita una ley que establezca los parámetros mínimos de calidad y deje la cancha abierta a la innovación. Como bien dices, si se aprueba esta ley, va a ser un freno de por lo menos dos décadas.

Eduardo Villanueva Mansilla dijo...

Coincido contigo. Una buena ley crearía la obligación de acreditación independiente, y le daría a la SUNEU la autoridad para cerrar una universidad que no se acredite tras cierto plazo; y así en general. Ciertamente no se propondría modelos tan rígidos de gestión universitaria o entrar en tanto detalle sobre la estructura de los semestres y demás. Ojalá se logre parar este proyecto.

Antonio Iván Sotelo Ponce dijo...

Don Eduardo, la preocupación es válida, pero, si bien es cierto que esta ley surge mas de buenas intenciones que de un profundo análisis y menos de una visión a largo plazo, es un intento de mejorar este problema. Que la ley debe mejorar, claro que sí. ¿Alternativas de mejora? La corrupción en el Perú es muy grande. Y mientras no se tome al toro por las astas creo que como usted dice de nada servirán las buenas intenciones. Los 20 años de los que habla, son necesarios, pues generar un ambiente de conciencia ante la investigación, no será cosa de un par de años. Lo que pienso es que el tema de corrupción debe ser sancionado severamente. Y crear leyes benéficas para los investigadores.Tanto en escuelas como en las universidades. En fin, hay muchas cosas por hacer y yo veo que el camino que se desea empezar esta todavía en inicios. Seamos realistas, los 20 años de los que habla usted, son un número muy optimista. Pero es tiempo de empezar el camino.