sábado, 4 de febrero de 2012

De controversias banales y cámaras de resonancia

Despejemos el terreno: las discusiones sobre la comida y la nacionalidad adolecen de inviabilidad, porque finalmente se basan en opiniones incontrastables, en puntos de vista que se sustentan apenas en la convicción de cada participante. Thays tiene tanta verdad como cualquier otro, y al mismo tiempo sus motivaciones, su retórica y sus opciones para proclamar su opinión son dignas de juicio.

No por mí. Honestamente no me interesa el tema, más allá de servir para pensar esto de la vida digital, y de la manera como ciertas visiones de nosotros mismos aparecen amplificadas hasta una deformidad digna de Botero a través del lente de los medios sociales.

Traslademos la situación a la vida real. Estamos entre amigos y alguien dice "no me gusta la comida peruana", como podría decir "no me gusta la salsa", "no me gusta 'Al fondo hay sitio'", "no me gusta el chifa"... y un largo etcétera. La reacción alrededor de la mesa sería alguien completamente indiferente, alguien completamente de acuerdo, y alguien que expresaría el conocido "¡¡¡¡pero cómo no te puede gustar la comida peruana / salsa / serie de televisión / chifa!!!!" Jijiji, jajaja, y ya está.

En Internet ocurren dos cosas distintas: no estás alrededor de una mesa, sino puesto en una vitrina al mismo tiempo a la mano y lejana, completamente personal e indiscernible. Además, tu reacción no se queda entre los cuatro amigos, sino que es vista por otros, que reaccionan también, y que te aplauden. El equivalente a la ronda de amiguitos que alientan la bronca en el barrio, que azuzan, calientan el ambiente.

La combinación de impunidad con azuzamiento crea un entorno en donde no solo es fácil armar escándalo, sino escalar el escándalo. Más y más gritos, más y más indignación. Claro, la mayoría de los gritos es tosca, poco elaborada, pasional y sobre todo banal. Lo triste es que los diarios y los medios en general usen esta colección de banalidades para hacer todavía más escándalo, y sobre todo para validar el cacareo al convertirlo en noticia. Claro, no ayuda que otros más se metan, usando sus habilidades retóricas, para rechazar estas indignaciones banales por equivocadas, para enrostrarnos la mala elección de nuestras furias; tampoco ayuda el subtexto de pasiones y broncas en la escena literaria local, que se exhibe no tan disimuladamente en las líneas de batalla, trazadas rápidamente.

Entonces, lo peor de todo es que los argumentos válidos se pierden en la retórica desproporcionada. Sí, mucho de la culinaria peruana es una bomba de carbohidratos con exceso de sazón; pero esto no quiere decir que no sea sabrosa, sobre todo porque es nuestra manera de comer y así hemos formado el gusto, de manera que nos encanta, como los chicles de ají le gustan a los mexicanos, el fish and chips a los ingleses, o el gaegogi a los coreanos.

Sí, es un exceso reducir la nacionalidad peruana a la comida; pero eso no niega que es una de las pocas cosas en las que nos encontramos y que nos enorgullecen.

Sí, la furia anti Thays es lamentable; pero es una furia banal, que no vale como otras furias que han sido mucho más importantes, como aquellas que trajeron abajo a Fujimori el 2000, o las que impidieron múltiples despropósitos en los últimos años. Esas son furias reales, que implican riesgo y efectos de fondo en la sociedad, y han ocurrido cuando han tenido que ocurrir.

Sí, algo anda mal cuando la prensa dedica tanta atención a algo tan banal; pero el problema viene de atrás, y afecta a la prensa de casi todo el mundo, y en el Perú en particular, es una manifestación de la completa falta de rumbo. Todo esto es un síntoma, y así hay que verlo.

Finalmente, sí, deberíamos poder hablar de otras cosas, y tener otros símbolos: pero no los tenemos, y es la chamba de los académicos tratar de discernir por qué ocurre esto y cómo mejorar la situación. Me reservo la indignación para otras cosas.

Me disculpan, tengo un sanguche de jamón del país esperándome.
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11 comentarios:

D D Arroyo González dijo...

oe, ya dejen al sujeto ese en su vano esfuerzo, y a todos los básicos que se arañan por su astucia para llamar la atencion, pendejisimo petimetre.

Eduardo Adrianzén dijo...

Eres un capo, tocayo. Felicitaciones

Eduardo Villanueva dijo...

Gracias tocayo... halagador.

Antonino dijo...

Seria interesante escuchar su opinión sobre la educación en el Perú. Para mí esto demuestra la baja calidad educativa en todos los estratos sociales. Los medios han contribuido en construir un falso nacionalismo, si te gusta el ceviche, conoces Machu Pichu y pregonas odiar a Chile ya se creen patriotas.

B dijo...

Ese tal Thays es un genio: hace dos días nadie sabía quién era.
Y sí, esto es un síntoma más del bajo nivel educativo en el Perú.

Hor dijo...

Asombroso el comentario de B, no conoce a Ivan Thays y se queja del bajo nivel educativo del Perú. ¿Será un reclamo a nombre propio, pero asolapado?

Dr. Manuel G. Cerpa dijo...

¿Y cuándo hablaremos de ese ínfimo nivel educativo y cultural que una mayoría no privilegiada tiene en nuestro país? ¿Seguiremos esperando que los académicos hablan o es que ya lo han hecho, y nadie los escucha ni les importa? ¿Hace cuántos años seguimos en la banalidad y la pomposa retórica? Tengo una hipótesis: hablaremos de esos temas cuando dejemos de tragar nuestra deliciosa comida.

Fernando, Editor dijo...

Lo que nadie sabe es que Thays está preparando un nuevo libro/recetario de cocina saludable: crea fama...y anda a la cocina.

Elmo Nofeo dijo...

Mario Thays y Hernado Acurio son dos jóvenes promesas peruanas, el primero quiere ser un escritor famoso mientras que el segundo quiere ser un reconocido cocinero. Mario es un tipo versátil: escribe libros, comenta publicaciones, hace televisión y mantiene un blog; por su lado Hernando ha recorrido todo el Perú en busca de recetas para hacerlas suya y es dueño de una feria donde promociona la gastronomía del Perú.

En esta semana, olvidando que nadie está obligado a sentirse orgulloso de lo suyo pero que es de bien nacidos no hablar mal de lo suyo, Mario enfiló toda batería de adjetivos para desmerecer la comida peruana lo que motivo la reacción del aprendiz de cocinero Hernando.

Hernando por su lado, erróneamente contraatacó descalificando al rival y adoptando la actitud de una bataclana figureti lanzó el mediocre “no sé quien es”, le falto valor para soltar un oportuno “ese es un #1j0 d3 pU74”.

Enrique Prochazka dijo...

Muy bien dicho, Eduardo. En cuanto a la educación, a mí siempre me sorprende que en el grupo de quienes protestan por la mala calidad educativa y de cómo no hay cultura de debate y que los chicos no entienden lo que leen, etc, están también los que saludan la calidad del voto electoral, que es todo él producto del mismo aparato sensorial/evaluativo acerca del mundo. El MOVADEF y el Congreso no son menos efecto de la baja calidad de la educación que la paliza nacional-cevichista a Iván.

Saludos, E

Eduardo Villanueva dijo...

Gracias Enrique. Un cumplido tuyo siempre es bienvenido.