lunes, 25 de julio de 2011

Acceso abierto y las políticas culturales

Faltando días para el inicio del gobierno Humala, la expectativa de cambio no está precisamente boyante. Quién sabe si será una gran decepción. Pero como la esperanza es lo último que se pierde, hoy y mañana publicaré sobre temas que requieren políticas de estado, y que gruesamente corresponden a los ministerios que hoy, lunes 25 a las 9 am, no tienen titular todavía: cultura y educación. Hoy es acceso abierto, mañana será sobre educación universitaria.
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Las controversias sobre el acceso abierto al conocimiento han tenido un incremento relativamente significativo gracias a dos grandes casos: Wikileaks y el caso Swartz. El primero ha sido discutido mucho y la verdad es que cubre una dimensión política muy concreta. El segundo es menos conocido, pero no por ello menos crítico. Ha servido para que afloren posiciones extremistas, e irreales, desde los dos bandos.

Por el bando de los que creen que la información es un negocio, representados por el gobierno de los EEUU, la cosa es clara: es un delito. Aaron Swartz, que es un promotor de la idea de liberar contenidos, intencionalmente, por varios meses y con métodos muy directos, se decidió a sacar material de servidores que no estaban bajo su control, para ponerlo a disposición de los usuarios que no pueden pagar por JSTOR, un servicio muy útil pero finalmente, de pago, que facilita el acceso a revistas académicas. Ha sido inculpado por "wire fraud, computer fraud, unlawfully obtaining information from a protected computer, and recklessly damaging a protected computer.". Como se puede ver, no hay nada respecto a propiedad intelectual.

Por el lado de los libertarios de la información, expresados por ejemplo en alt1040, la cosa es clara: la información quiere ser libre, y debería serlo. No solo es pagada de los impuestos de todos, sino que las condiciones técnicas permiten la difusión masiva del conocimiento y por lo tanto no deberíamos imponer restricciones que solo favorecen a algunos. Lo que ha hecho Swartz es esencialmente correcto y atacarlo es simplemente justificar un modelo de negocios pernicioso que no beneficia a todos, y que además no es la única forma viable de hacer plata con contenidos digitales en el contexto académico.

La cosa, como suele ser en la vida real, es bastante más complicada. JSTOR, para comenzar, es una organización sin fines de lucro, que reclama cobrar para cubrir costos y para facilitar el trabajo de todos. Esto nos lleva a que el modelo de publicación académica implica costos y demanda recursos, y por lo tanto exige que nos planteemos cómo financiar el acceso al conocimiento. Por ahí va la pregunta más interesante, que es particularmente crítica en tiempos de cambio en que todo el mundo parece querer encontrar nuevas y más caras formas de acceso a la información.

Mi posición no ha cambiado desde que publiqué esto, hace seis años: lo central a la comunicación académica es la difusión y distribución validada por pares, no la autopublicación. Crear un modelo sostenible que financia la circulación de contenidos académicos validados es lo importante, y esto no quiere decir que la información académica no quiera ser libre, sino que igual cuesta, siquiera un poquito.

¿Cuál es la política del estado peruano al respecto? Asumo que tanto el ministerio de Educación como el de Cultura, junto con la biblioteca nacional, deberían estar haciendo algo al respecto, pero claro que mi premisa es fallida. No hay nada.

Si queremos, en serio, pasar de la lucha contra la pobreza a la lucha por el desarrollo, habría que pensar en fortalecer nuestro mediocre sistema de educación superior, y garantizar la puesta en valor de la producción académica peruana. Para hacerlo, se puede contar con lo que ofrece la tecnología digital como un aliado fantástico, por ejemplo facilitando el acceso colectivo a JSTOR y replicando la idea desde una institución estatal (CONCYTEC, por ejemplo) que pueda levantar lo que hacemos, con todo lo bueno y lo malo que hay, ponerlo a disposición de todos y eventualmente avergonzarnos colectivamente por su mediocridad, para obligarnos a mejorar. Podría ser un inicio, algo básico.

Pensar que las soluciones al problema del acceso a la información son individuales o corporativas es un gran error: ambas son fantasías capitalistas, en que el individuo triunfa sobre la economía, o donde el mercado solo asigna racionalmente recursos. Como la información no quiere nada, resulta siendo el reflejo de las intenciones de las personas e instituciones tras de ella, y en el caso de los libertarios hay una falacia tan poderosa como detrás de las industrias: que todo es cuestión de personas, y que si todo es libre, todos tendremos las mismas oportunidades. Falso, porque las asimetrías de información vienen de más profundo que solo de un problema de distribución de un tipo de recursos.

Se necesita mecanismos novedosos de distribución y difusión, y se necesita fortalecer la calidad mediante el control de calidad. Nada más simple y nada más difícil de lograr en el Perú. La Internet puede ser un gran aliado, pero hay que pedirlo con sensatez, y exigir acciones adecuadas del estado peruano para llegar a algo.

4 comentarios:

Martin Moreno dijo...

Eduardo,

Aunque se trata de un contexto con un tamaño de mercado distinto ¿crees que el modelo de los Institutos Nacionales de Salud (NIH en inglés) podría ser útil: http://publicaccess.nih.gov/. Desde el 2008 todo paper generado como parte de una investigación financiada por ellos y aceptado para publicación en una revista académica debe ser enviado a un central que ellos manejan para garantizar el acceso irrestricto. La premisa es que si los fondos públicos generan conocimiento pues éste debe ser de acceso público. Hasta donde conozco el proceso de negociación con las editoriales ha sido complicado pero han logrado mantener un balance pues las editoriales siguen teniendo la posibilidad de obtener ganancias mediante las suscripciones regulares.

Ahora, aquí discutimos como garantizar el acceso al conocimiento ya producido. ¿Y qué pasa con los datos que son los insumos para (intentar) generar nuevo conocimiento o validar el ya producido? ¿Qué pasa si quieres discutir y criticar los hallazgos de una publicación –más allá de la retórica- y para hacerlo no puedes acceder a los datos que dan soporte a dicho hallazgo? Hay algunos avances. El INEI hace años puso a disposición todos los datos y la documentación relevantes de sus encuestas de hogares. Pero, ¿y las otras organizaciones estatales? ¿Qué haces con la información de evaluación producida al interior? ¿Debería ser difundida de manera pública? Una organización como ESSALUD que todos los años realiza sus encuestas de calidad de servicio al cliente con información detallada a nivel de cada hospital, centro médico, ¿debería difundir esa información? Debería permitirse el acceso a nivel de la base de datos con respuestas individuales manteniendo el anonimato de los informantes.

Distribuir y difundir son claves. Pero, ¿hasta qué nivel se debe llegar? Y sobre todo, ¿quién asume los costos?

LuchinG dijo...

¿Sabes si esto es de verdad?:
http://www.youtube.com/watch?v=IevBHt6IKX8&feature=player_embedded

Eduardo Villanueva dijo...

Luchín, sorry por la demora...

Sí, es cierto, pero todavía está en la etapa de proyecto de ley. Es un intento de penalizar el streaming, por oposición a la bajada de contenidos. Sería particularmente perjudicial para los que hacen walk-throughs de juegos, por ejemplo.

Ver más en: http://www.techdirt.com/articles/20110706/01485514984/tons-youtube-users-putting-up-videos-protest-to-s978.shtml

y en
https://www.eff.org/deeplinks/2011/06/felony-penalties-proposed-illegal-streaming-senate

Eduardo Villanueva dijo...

Martín, no manejo mucho el modelo de las ciencias de la salud, pero sí sé que en general hay una clara condición de publicar y difundir abiertamente cuando se trata de investigación financiada con fondos públicos. Claro, en el Perú esto no es particularmente relevante pero puede ser útil para el resto del mundo, y nos beneficiaría.