Enlazo aquí el texto original de mi artículo publicado en Poder, abril 2015, sobre si conviene y cómo podríamos regular la televisión de señal abierta en el Perú. Aclaro, la premisa es que no es posible verla aisladamente y que es necesario integrar la regulación con todo el sector de telecomunicaciones, para así enfrentar los cambios inmensos que sufre toda la actividad audiovisual en los tiempos actuales.
Soy Eduardo Villanueva Mansilla, y este blog contiene temas de interés profesional y personal, y lo uso para hablar sobre tecnología de la información, medios masivos y nuevos medios de comunicación, cultura y sociedad, y otras cosas que se me pasan por la cabeza.
martes, 28 de abril de 2015
viernes, 17 de abril de 2015
Guzmán, adentro aunque se ponga afuera
Cuando leo a Julio Guzmán, no puedo dejar de pensar en esta cita del Padrino III:
https://www.youtube.com/watch?v=UneS2Uwc6xw
"Justo creí que estaba afuera, y me jalan de regreso": quiero ser el outsider, pero en realidad me recuerdan todo el tiempo que soy un insider...
Comprendo la ambición del candidato, de la gente que está tras de su candidatura. Parece lógico apostar a ser distinto, a ofrecer una narrativa diferente a las que los políticos ya conocidos, hayan o no sido presidentes, muestran todo el tiempo. Pero no la veo...
Guzmán se presenta como alguien como el común de los peruanos, que ha tenido éxito y que por eso puede ver un camino distinto. Sin embargo, y considerando que su historia personal puede ser valiosa, lo cierto es que hace tiempo tiene una vida muy parecida a aquella de muchos que han gobernado el Perú por casi veinticinco años ya. Los tecnócratas de formación universitaria avanzada que regresaron a hacerse cargo de la parte eficiente del Estado vienen manejando el día a día del Perú por años, y muchos de los problemas que tenemos vienen precisamente de una mirada "técnica" que le debe mucho a un modelo de gobernanza bastante predecible. La gestión pública no ha creado una narrativa local, sino que se ha montado en la mirada aceptada como "correcta", creada en organismos multilaterales y aplicada en muchos países. No es que sea mala, sino que carece de visión política integral y sobre todo, de feeling para la realidad en la que estamos.
Pero aparte de la narrativa, el otro problema con Guzmán es que no es como el común de los peruanos se imagina el éxito. No es un emprendedor, no es un "peruano exitoso": es un funcionario público bien entrenado que no transmite nada malo pero tampoco nada que dé la impresión que sabe lo que la gente piensa y quiere, sino que plantea soluciones inteligentes pero alejadas de la cotidaneidad urbana, para no mencionar de lo que pasa fuera de Lima o en las zonas rurales. Es un ejemplo de éxito al que no se le siente propio, sino más bien extranjero, preparado pero sin las urgencias de la vida diaria y de las preocupaciones que las muchas y muy variadas colecciones de grupos de interés tienen por todas partes del Perú.
Su estrategia parece más la de un político empeñado en ganar lo que los gringos llaman "las primarias invisibles": ese espacio de debate en privado, de convencimiento de élites, que garantiza el apoyo de los grandes tomadores de decisión que definen en buena medida a dónde irán los partidos en cada ciclo electoral. El arte de los ganadores de esas "primarias invisibles" es convencer a las élites que se seguirá el camino correcto, al mismo tiempo que se alimenta la percepción popular tratando de aparecer como alguien del común, como un Average Joe, como alguien que en el fondo sí es como tú. Como dice esa frase también gringa, alguien con quien quisieras tomarte una cerveza.
El juego dual de ser de la élite pero también del pueblo funciona porque se trabaja a dos cachetes: sin el apoyo de las élites no alcanza para ganar, pero sin el apoyo de las masas tampoco. Claro, eso funciona porque las élites controlan el camino electoral que permite apelar a las masas. No es el caso del Perú.
Como las elecciones recientes lo muestran, el apoyo de las élites se consigue de manera caleta, al mismo tiempo que se convence al grueso de los electores que se tiene conexión con ellos. Las élites financian y facilitan, pero no deciden, porque no hay partidos, no hay correas de transmisión entre las alturas y la población. Guzmán parece convencido que necesita primero conseguir, abierta y públicamente, el apoyo de las élites, pero incluso si lo consigue, la conexión con la gente es lejana sino imposible: es finalmente creación y reflejo de los que han servido a una gobernabilidad elitista por dos décadas, esa capa de funcionarios que escriben y piensan y actúan para el bienestar del chorreo y el crecimiento macroeconómico que parece estar agotándose a zancadas. ¿Cuál es su rollo para todos los demás? ¿Cómo convencerá a todos que lo que se ha hecho hasta ahora, pero algo mejor, bastará?
Por eso resultan algo banal su esfuerzo de definirse como un outsider. Es todo un insider. Desde su historia de vida hasta su accionar político. ¿Podrá cambiar su destino? Quién sabe... pero va a necesitar algo mucho más potente que su conversación con la prensa y su mención de funcionarios desconocidos fuera de los corredores del poder para lograr ser visto como alguien viable. No necesariamente tiene que ir a los mercados a tomar desayuno o mostrarse autoritario o reclamarse cholo sagrado: eso ya se hizo y difícilmente funcionará de nuevo. Pero mostrarse como ejemplo de un éxito foráneo y hasta indeseable para el grueso de los peruanos tampoco parece ser la ruta.
https://www.youtube.com/watch?v=UneS2Uwc6xw
"Justo creí que estaba afuera, y me jalan de regreso": quiero ser el outsider, pero en realidad me recuerdan todo el tiempo que soy un insider...
Comprendo la ambición del candidato, de la gente que está tras de su candidatura. Parece lógico apostar a ser distinto, a ofrecer una narrativa diferente a las que los políticos ya conocidos, hayan o no sido presidentes, muestran todo el tiempo. Pero no la veo...
Guzmán se presenta como alguien como el común de los peruanos, que ha tenido éxito y que por eso puede ver un camino distinto. Sin embargo, y considerando que su historia personal puede ser valiosa, lo cierto es que hace tiempo tiene una vida muy parecida a aquella de muchos que han gobernado el Perú por casi veinticinco años ya. Los tecnócratas de formación universitaria avanzada que regresaron a hacerse cargo de la parte eficiente del Estado vienen manejando el día a día del Perú por años, y muchos de los problemas que tenemos vienen precisamente de una mirada "técnica" que le debe mucho a un modelo de gobernanza bastante predecible. La gestión pública no ha creado una narrativa local, sino que se ha montado en la mirada aceptada como "correcta", creada en organismos multilaterales y aplicada en muchos países. No es que sea mala, sino que carece de visión política integral y sobre todo, de feeling para la realidad en la que estamos.
Pero aparte de la narrativa, el otro problema con Guzmán es que no es como el común de los peruanos se imagina el éxito. No es un emprendedor, no es un "peruano exitoso": es un funcionario público bien entrenado que no transmite nada malo pero tampoco nada que dé la impresión que sabe lo que la gente piensa y quiere, sino que plantea soluciones inteligentes pero alejadas de la cotidaneidad urbana, para no mencionar de lo que pasa fuera de Lima o en las zonas rurales. Es un ejemplo de éxito al que no se le siente propio, sino más bien extranjero, preparado pero sin las urgencias de la vida diaria y de las preocupaciones que las muchas y muy variadas colecciones de grupos de interés tienen por todas partes del Perú.
Su estrategia parece más la de un político empeñado en ganar lo que los gringos llaman "las primarias invisibles": ese espacio de debate en privado, de convencimiento de élites, que garantiza el apoyo de los grandes tomadores de decisión que definen en buena medida a dónde irán los partidos en cada ciclo electoral. El arte de los ganadores de esas "primarias invisibles" es convencer a las élites que se seguirá el camino correcto, al mismo tiempo que se alimenta la percepción popular tratando de aparecer como alguien del común, como un Average Joe, como alguien que en el fondo sí es como tú. Como dice esa frase también gringa, alguien con quien quisieras tomarte una cerveza.
El juego dual de ser de la élite pero también del pueblo funciona porque se trabaja a dos cachetes: sin el apoyo de las élites no alcanza para ganar, pero sin el apoyo de las masas tampoco. Claro, eso funciona porque las élites controlan el camino electoral que permite apelar a las masas. No es el caso del Perú.
Como las elecciones recientes lo muestran, el apoyo de las élites se consigue de manera caleta, al mismo tiempo que se convence al grueso de los electores que se tiene conexión con ellos. Las élites financian y facilitan, pero no deciden, porque no hay partidos, no hay correas de transmisión entre las alturas y la población. Guzmán parece convencido que necesita primero conseguir, abierta y públicamente, el apoyo de las élites, pero incluso si lo consigue, la conexión con la gente es lejana sino imposible: es finalmente creación y reflejo de los que han servido a una gobernabilidad elitista por dos décadas, esa capa de funcionarios que escriben y piensan y actúan para el bienestar del chorreo y el crecimiento macroeconómico que parece estar agotándose a zancadas. ¿Cuál es su rollo para todos los demás? ¿Cómo convencerá a todos que lo que se ha hecho hasta ahora, pero algo mejor, bastará?
Por eso resultan algo banal su esfuerzo de definirse como un outsider. Es todo un insider. Desde su historia de vida hasta su accionar político. ¿Podrá cambiar su destino? Quién sabe... pero va a necesitar algo mucho más potente que su conversación con la prensa y su mención de funcionarios desconocidos fuera de los corredores del poder para lograr ser visto como alguien viable. No necesariamente tiene que ir a los mercados a tomar desayuno o mostrarse autoritario o reclamarse cholo sagrado: eso ya se hizo y difícilmente funcionará de nuevo. Pero mostrarse como ejemplo de un éxito foráneo y hasta indeseable para el grueso de los peruanos tampoco parece ser la ruta.
sábado, 11 de abril de 2015
Facebook Zero no es la Internet
Mark Zuckerberg se reunió con el presidente Humala. Hasta se puso terno. Impactante. Hablaron sobre cómo llevar la Internet a todos, del Internet gratuito. Lástima que no sea cierto.
La iniciativa de Zuckerberg es una combinación de Internet.org y Facebook Zero. La idea es ofrecer lo que se llama aplicaciones "zero rating", es decir aplicaciones que no facturan como plan de datos, a cambio de una subvención combinada de Facebook y de los operadores móviles.
Suena bien pero es una trampa. La Internet no es solo acceder a Facebook, y esas aplicaciones zero-rating, ofrecidas por ciertos proveedores, reducen la Internet a su funcionalidad y sus servicios, y por lo tanto son el equivalente digital a regalarte el album para que compres las figuritas. Es decir: te doy gratis Facebook pero para que tu experiencia digital sea exclusivamente Facebook.
Muchos dirán, ¿qué tiene de malo? Muchos solo usan Facebook, y ciertamente muchos ni siquiera saben que es posible usar algo más que Facebook. Pero
En otras palabras: el zero-rating limita la competencia, limita la disponibilidad de información y consiguiente las experiencias culturales, y te convierte en cliente exclusivo de un proveedor que definirá tus opciones de acuerdo a su interés, no al tuyo.
Si no lo haríamos con los refrescos, ¿por qué con algo que constantemente se nos dice es esencial para el futuro desarrollo de todos, como la Internet?
Tomando en cuenta que hay leyes y regulaciones (pendientes) sobre neutralidad de red, el zero-rating no debería tener espacio alguno en el Perú. Sin embargo, nada como tener el acceso que muchos no tienen en una cumbre presidencial para vender una idea que a los oídos de un incauto (no solo en tecnología) debe sonar atractiva. Chile la rechazó por algo. Confío que Humadine pregunte, consulte y sobre todo requiera que los organismos relevantes digan lo que tienen que decir, y así evitar que el zero-rating se generalice, pero sobre todo que algo como Facebook Zero reciba facilidades legales o regulatorias bajo la ilusión que es una forma de mejorar la vida de los peruanos.
No lo es. No debe aceptarse.
La iniciativa de Zuckerberg es una combinación de Internet.org y Facebook Zero. La idea es ofrecer lo que se llama aplicaciones "zero rating", es decir aplicaciones que no facturan como plan de datos, a cambio de una subvención combinada de Facebook y de los operadores móviles.
Suena bien pero es una trampa. La Internet no es solo acceder a Facebook, y esas aplicaciones zero-rating, ofrecidas por ciertos proveedores, reducen la Internet a su funcionalidad y sus servicios, y por lo tanto son el equivalente digital a regalarte el album para que compres las figuritas. Es decir: te doy gratis Facebook pero para que tu experiencia digital sea exclusivamente Facebook.
Muchos dirán, ¿qué tiene de malo? Muchos solo usan Facebook, y ciertamente muchos ni siquiera saben que es posible usar algo más que Facebook. Pero
- El hecho que solo tomes Coca Cola no significa que solo deba haber Coca Cola en el mercado, sino qué sería del Aje Group.
- El hecho que solo conozcas la Coca Cola no debería significar que no puedas enterarte de alternativas pero que no puedas usarlas, porque tu bodega y todas las bodegas cercanas solo venden Coca Cola, y para algo distinto tienes que ir al distribuidor y pedir que te den algo significativamente más caro que quizá no puedas pagar por adelantado.
- El hecho que solo haya Coca Cola y nada más que Coca Cola hace que tu vida se reduzca a la Coca Cola, y te pierdas la posibilidad de probar jugos de frutas o simple y sencilla agua.
En otras palabras: el zero-rating limita la competencia, limita la disponibilidad de información y consiguiente las experiencias culturales, y te convierte en cliente exclusivo de un proveedor que definirá tus opciones de acuerdo a su interés, no al tuyo.
Si no lo haríamos con los refrescos, ¿por qué con algo que constantemente se nos dice es esencial para el futuro desarrollo de todos, como la Internet?
Tomando en cuenta que hay leyes y regulaciones (pendientes) sobre neutralidad de red, el zero-rating no debería tener espacio alguno en el Perú. Sin embargo, nada como tener el acceso que muchos no tienen en una cumbre presidencial para vender una idea que a los oídos de un incauto (no solo en tecnología) debe sonar atractiva. Chile la rechazó por algo. Confío que Humadine pregunte, consulte y sobre todo requiera que los organismos relevantes digan lo que tienen que decir, y así evitar que el zero-rating se generalice, pero sobre todo que algo como Facebook Zero reciba facilidades legales o regulatorias bajo la ilusión que es una forma de mejorar la vida de los peruanos.
No lo es. No debe aceptarse.
jueves, 9 de abril de 2015
Izquierda peruana: mucho y poco
Con el respeto que me merecen muchos buenos amigos y buenas personas que sé están metidos en la creación de alternativas políticas de izquierda en el Perú, no voy a negar que no me hago mayor esperanza.
Por un lado, porque si bien tengo sintonía moral, por llamarlo así, con los reclamos de la izquierda, no creo que las soluciones que proponen o que la interpretación de la realidad nacional provengan de la mirada más correcta. Tampoco creo que sus prioridades sean precisamente las correctas; pero esto no me impide reconocer que genéricamente hablando, la izquierda peruana ha sido la única interesada en construir un proyecto centrado en (casi todos) los peruanos; y que solo, en el mejor de los casos, el primer belaundismo ha tenido algo comparable desde la derecha. Dejemos que corra un velo compasivo sobre las contorsiones políticas del APRA, que destruyeron cualquier posibilidad de considerarlos un proyecto político y la condenaron a ser una secta.
Entonces, la izquierda corre sola en la búsqueda de un proyecto nacionalista y popular, es decir orientado a satisfacer las necesidades de las masas y a través de ellas, de todos los peruanos; no cree en chorreos que son justificaciones mal disimuladas de la desigualdad de ingresos; no acepta que haya peruanos de segunda clase; defiende el derecho a la protesta.
Eso no quiere decir que carezca de vacíos: tiene muchos sectores donde se justificaría con facilidad el autoritarismo a cambio del "proyecto"; el tema de libertades y derechos suele ser visto, no por todos pero sí por una significativa cantidad, como una cuestión fundamentalmente económica, con lo que asuntos fundamentales de nuestros tiempos como la igualdad sexual no tienen mayor importancia o son directamente motivo de desprecio; los compañeros de ruta suelen ser perdonados y los "enemigos" sobredimensionados; y sobre todo, la izquierda muchas veces tiene una buena idea de qué hacer con lo malo actual pero no tiene realmente claro qué sería lo nuevo futuro.
Caso al frente: los dos nuevos frentes. Hay problemas elementales desde el nombre de uno y de los énfasis del otro. El grupo de centro-izquierda (ya sé que es discutible, pero en fin...) ha optado por un nombre que realmente solo puede nacer de la imaginación de un tecnocrata que se comunica con powerpoints (o peor aún, con Prezis): Coalición Progresista Unión de Fuerzas de Izquierda. La Se PUFI. Francamente...
La CPUFI reune a una serie de viejos valores de la izquierda, que están asociados con fracasos multidimensionales: desde la ruptura de IU hasta el fracaso en la alcaldía de Lima pasando por las alianzas discutibles y varias malas gestiones, aparte de la gigantesca responsabilidad política en Bagua de aquel que les da la inscripción electoral: no se trata precisamente de un grupo que pueda mostrar ni pureza de valores ni astucia táctica. No representan a nadie salvo a ellos mismos, y su pasado los condena. Realistamente, ¿qué le ofrecen al electorado sino que esta vez lo harían mejor que la vez pasada? Quizá podrían apostar a apelaciones populistas, pero ¿a través de quién? y sinceramente es impensable que otra vez cedan todo el espacio para que un individuo con agenda propia se los lleve de encuentro, como ya les pasó con Humadine, el/la mediocre Humadine. Sin líderes, sin sectores que sean naturalmente sus representados, sin una agenda clara, sin renovación de cuadros y con abundantes motivos para dudar de su eficacia gubernativa, repito, ¿qué le ofrecen a la ciudadanía?
Al frente, el Frente Amplio. Mucho más fresco, mucho más joven, pero tampoco mucho mejor. Su apuesta es, al menos así se dice, al largo plazo, a construir un verdadero frente. Ojalá: el Perú necesita urgentemente una izquierda capaz de balancear el sentido común de la derecha. Tienen muchos asesores y líderes en la sombra con historias tan largas como el CPUFI, pero han sido lo suficientemente avisados para tenerlos tras bambalinas, salvo la extraña decisión de poner a Hugo Blanco en medio, una suerte de apelación totémica de pasados comprometidos (varias bromas insisten que parecen egresados de Hogwarts tomándose una foto con su Dumbledore). El problema es que el Frente Amplio es una colección de representaciones gigantesca y minúscula: demasiados grupos pequeños con agendas propias que reclaman su espacio en la mesa, y que atrapan al Frente Amplio en una dinámica movimientista que puede ser util para hacer más intensa la relación al interior del grupo pero nada convincente para lograr que los electores voten por ellos.
Aunque debe haber alguno que otro delirante que piensa que pueden tomar el poder en una suerte de asonada bolchevique a punta de agudizar las contradicciones, estoy convencidos que la mayoría de los que conforman la dirigencia del Frente Amplio saben que la ruta electoral es la única verdaderamente viable. Pero no practican política electoral, al menos no todavía. No logran crear una narrativa nacional y amplia de por qué darles el voto, y una apelación de protesta solo serviría para ganar pero luego haría casi imposible gobernar porque es necesario priorizar y decidir, cosa que no es tan fácil cuando lo que se tiene es a muchos grupos específicos corriendo tras de ti para que les des lo que buscan. Es decir: es imposible parar las explotaciones mineras en curso sin arruinar las finanzas del país; sin esas finanzas, no es posible hacer nada significativo hacia el futuro. Vean a Tsipiras y a Siriza tratando de cumplir con sus electores sin por ello arruinar a Grecia por el resto del siglo. Con una narrativa tan pegada a la suma de las reivindicaciones, pueden ganar, pero terminarían o traicionándose para gobernar, o siendo destruidos por las demandas combinadas pero opuestas de la gobernabilidad y la satisfacción de intereses.
Creo que el Frente Amplio tiene futuro, mientras que el CPUFI no pasará de perder escandalosamente las elecciones y luego a alguna suerte de olvido hasta el siguiente ciclo electoral. El problema es cómo hacer para que el futuro del Frente Amplio sea más que el dilema del prisionero. Ojalá encuentren una salida.
Otra mirada sobre lo mismo en el buen artículo de Aldo Panfichi, el 9/4/15 en el Comercio.
Por un lado, porque si bien tengo sintonía moral, por llamarlo así, con los reclamos de la izquierda, no creo que las soluciones que proponen o que la interpretación de la realidad nacional provengan de la mirada más correcta. Tampoco creo que sus prioridades sean precisamente las correctas; pero esto no me impide reconocer que genéricamente hablando, la izquierda peruana ha sido la única interesada en construir un proyecto centrado en (casi todos) los peruanos; y que solo, en el mejor de los casos, el primer belaundismo ha tenido algo comparable desde la derecha. Dejemos que corra un velo compasivo sobre las contorsiones políticas del APRA, que destruyeron cualquier posibilidad de considerarlos un proyecto político y la condenaron a ser una secta.
Entonces, la izquierda corre sola en la búsqueda de un proyecto nacionalista y popular, es decir orientado a satisfacer las necesidades de las masas y a través de ellas, de todos los peruanos; no cree en chorreos que son justificaciones mal disimuladas de la desigualdad de ingresos; no acepta que haya peruanos de segunda clase; defiende el derecho a la protesta.
Eso no quiere decir que carezca de vacíos: tiene muchos sectores donde se justificaría con facilidad el autoritarismo a cambio del "proyecto"; el tema de libertades y derechos suele ser visto, no por todos pero sí por una significativa cantidad, como una cuestión fundamentalmente económica, con lo que asuntos fundamentales de nuestros tiempos como la igualdad sexual no tienen mayor importancia o son directamente motivo de desprecio; los compañeros de ruta suelen ser perdonados y los "enemigos" sobredimensionados; y sobre todo, la izquierda muchas veces tiene una buena idea de qué hacer con lo malo actual pero no tiene realmente claro qué sería lo nuevo futuro.
Caso al frente: los dos nuevos frentes. Hay problemas elementales desde el nombre de uno y de los énfasis del otro. El grupo de centro-izquierda (ya sé que es discutible, pero en fin...) ha optado por un nombre que realmente solo puede nacer de la imaginación de un tecnocrata que se comunica con powerpoints (o peor aún, con Prezis): Coalición Progresista Unión de Fuerzas de Izquierda. La Se PUFI. Francamente...
La CPUFI reune a una serie de viejos valores de la izquierda, que están asociados con fracasos multidimensionales: desde la ruptura de IU hasta el fracaso en la alcaldía de Lima pasando por las alianzas discutibles y varias malas gestiones, aparte de la gigantesca responsabilidad política en Bagua de aquel que les da la inscripción electoral: no se trata precisamente de un grupo que pueda mostrar ni pureza de valores ni astucia táctica. No representan a nadie salvo a ellos mismos, y su pasado los condena. Realistamente, ¿qué le ofrecen al electorado sino que esta vez lo harían mejor que la vez pasada? Quizá podrían apostar a apelaciones populistas, pero ¿a través de quién? y sinceramente es impensable que otra vez cedan todo el espacio para que un individuo con agenda propia se los lleve de encuentro, como ya les pasó con Humadine, el/la mediocre Humadine. Sin líderes, sin sectores que sean naturalmente sus representados, sin una agenda clara, sin renovación de cuadros y con abundantes motivos para dudar de su eficacia gubernativa, repito, ¿qué le ofrecen a la ciudadanía?
Al frente, el Frente Amplio. Mucho más fresco, mucho más joven, pero tampoco mucho mejor. Su apuesta es, al menos así se dice, al largo plazo, a construir un verdadero frente. Ojalá: el Perú necesita urgentemente una izquierda capaz de balancear el sentido común de la derecha. Tienen muchos asesores y líderes en la sombra con historias tan largas como el CPUFI, pero han sido lo suficientemente avisados para tenerlos tras bambalinas, salvo la extraña decisión de poner a Hugo Blanco en medio, una suerte de apelación totémica de pasados comprometidos (varias bromas insisten que parecen egresados de Hogwarts tomándose una foto con su Dumbledore). El problema es que el Frente Amplio es una colección de representaciones gigantesca y minúscula: demasiados grupos pequeños con agendas propias que reclaman su espacio en la mesa, y que atrapan al Frente Amplio en una dinámica movimientista que puede ser util para hacer más intensa la relación al interior del grupo pero nada convincente para lograr que los electores voten por ellos.
Aunque debe haber alguno que otro delirante que piensa que pueden tomar el poder en una suerte de asonada bolchevique a punta de agudizar las contradicciones, estoy convencidos que la mayoría de los que conforman la dirigencia del Frente Amplio saben que la ruta electoral es la única verdaderamente viable. Pero no practican política electoral, al menos no todavía. No logran crear una narrativa nacional y amplia de por qué darles el voto, y una apelación de protesta solo serviría para ganar pero luego haría casi imposible gobernar porque es necesario priorizar y decidir, cosa que no es tan fácil cuando lo que se tiene es a muchos grupos específicos corriendo tras de ti para que les des lo que buscan. Es decir: es imposible parar las explotaciones mineras en curso sin arruinar las finanzas del país; sin esas finanzas, no es posible hacer nada significativo hacia el futuro. Vean a Tsipiras y a Siriza tratando de cumplir con sus electores sin por ello arruinar a Grecia por el resto del siglo. Con una narrativa tan pegada a la suma de las reivindicaciones, pueden ganar, pero terminarían o traicionándose para gobernar, o siendo destruidos por las demandas combinadas pero opuestas de la gobernabilidad y la satisfacción de intereses.
Creo que el Frente Amplio tiene futuro, mientras que el CPUFI no pasará de perder escandalosamente las elecciones y luego a alguna suerte de olvido hasta el siguiente ciclo electoral. El problema es cómo hacer para que el futuro del Frente Amplio sea más que el dilema del prisionero. Ojalá encuentren una salida.
Otra mirada sobre lo mismo en el buen artículo de Aldo Panfichi, el 9/4/15 en el Comercio.
lunes, 6 de abril de 2015
Llamamiento de Túnez para una Internet de la ciudadanía
Copio el documento aprobado por los participantes del proyecto de Foro Social de la Internet, que tuvo lugar durante el Foro Social Mundial, en Tunez, 26 de marzo de 2015. Aunque tengo varias acotaciones, en general creo que es un documento más que valioso y por ello, lo difundo.
....
Llamamiento de Túnez para una Internet de la ciudadanía
Nosotras y nosotros, participantes del Taller "La organización de un Foro Social de Internet - Un llamamiento a ocupar Internet", realizado en Túnez en el marco del Foro Social Mundial, afirmamos nuestro compromiso con el objetivo común de construir la Internet de la ciudadanía desde abajo y más allá de las fronteras: una Internet en función del interés público y la solidaridad, donde el control esté en manos de la gente; una Internet basada en la dignidad humana, la igualdad, la justicia social, la libertad y los derechos de comunicación de las personas.
Unimos nuestras voces a la convocatoria para celebrar un Foro Social Mundial de Internet, como un espacio para debatir sobre la Internet que queremos y cómo construirla, antes que la revolución del conocimiento y del acceso a la información sea secuestrada irremediablemente por los intereses corporativos y las agencias de seguridad, incrementando el nexo de corrupción entre la política y el dinero.
Hoy en día, Internet se ha convertido en parte integral y esencial de nuestra vida cotidiana; cada vez más, nuestras actividades se organizan a través de o en torno a los espacios virtuales, las redes, los servicios en línea y las tecnologías de Internet. En torno a la red se ha reestructurado el modo en que vivimos, trabajamos, jugamos y organizamos nuestras sociedades. En muchos aspectos, esto es así incluso para las personas que en la actualidad no tienen acceso directo a Internet.
Al mismo tiempo, nos preocupa constatar cómo nuestros espacios, tanto privados como públicos, están siendo cooptados y controlados en beneficio privado; cómo las corporaciones privadas están transformando la Internet pública en una serie de espacios cerrados; cómo manipulan y se apropian de nuestros datos personales; cómo está emergiendo una sociedad global de vigilancia que niega la privacidad; cómo se está censurando la información en Internet de manera arbitraria y se restringe el derecho de las personas a comunicar; y cómo se está militarizando Internet. Mientras tanto, la toma de decisiones en materia de políticas públicas relativas a Internet se mantiene peligrosamente alejada de los mecanismos de la gobernabilidad democrática.
Hacemos un llamamiento a todas y todos quienes comparten estos objetivos, a participar durante los próximos meses en la elaboración del Manifiesto de la Internet de la ciudadanía, con el objetivo de buscar un consenso sobre los principios básicos de una Internet orientada a la equidad social, la solidaridad humana y la justicia.
Internet es una herramienta y espacio de trabajo indispensable para la construcción de las luchas sociales y las interconexiones entre los movimientos. Hacemos un llamamiento a los movimientos sociales y organizaciones reunidas aquí en Túnez a asumir esta propuesta como parte esencial de sus agendas de acción, incluyendo, entre otros, los siguientes objetivos:
* Documento presentado para expresar el consenso del taller La organización de un Foro Social de Internet - Un llamamiento a ocupar Internet, FSM 2015,Túnez, 26 de marzo de 2015.
* Mínimas correcciones estilísticas, hechas al publicarlo (EVM).
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Llamamiento de Túnez para una Internet de la ciudadanía
Nosotras y nosotros, participantes del Taller "La organización de un Foro Social de Internet - Un llamamiento a ocupar Internet", realizado en Túnez en el marco del Foro Social Mundial, afirmamos nuestro compromiso con el objetivo común de construir la Internet de la ciudadanía desde abajo y más allá de las fronteras: una Internet en función del interés público y la solidaridad, donde el control esté en manos de la gente; una Internet basada en la dignidad humana, la igualdad, la justicia social, la libertad y los derechos de comunicación de las personas.
Unimos nuestras voces a la convocatoria para celebrar un Foro Social Mundial de Internet, como un espacio para debatir sobre la Internet que queremos y cómo construirla, antes que la revolución del conocimiento y del acceso a la información sea secuestrada irremediablemente por los intereses corporativos y las agencias de seguridad, incrementando el nexo de corrupción entre la política y el dinero.
Hoy en día, Internet se ha convertido en parte integral y esencial de nuestra vida cotidiana; cada vez más, nuestras actividades se organizan a través de o en torno a los espacios virtuales, las redes, los servicios en línea y las tecnologías de Internet. En torno a la red se ha reestructurado el modo en que vivimos, trabajamos, jugamos y organizamos nuestras sociedades. En muchos aspectos, esto es así incluso para las personas que en la actualidad no tienen acceso directo a Internet.
Al mismo tiempo, nos preocupa constatar cómo nuestros espacios, tanto privados como públicos, están siendo cooptados y controlados en beneficio privado; cómo las corporaciones privadas están transformando la Internet pública en una serie de espacios cerrados; cómo manipulan y se apropian de nuestros datos personales; cómo está emergiendo una sociedad global de vigilancia que niega la privacidad; cómo se está censurando la información en Internet de manera arbitraria y se restringe el derecho de las personas a comunicar; y cómo se está militarizando Internet. Mientras tanto, la toma de decisiones en materia de políticas públicas relativas a Internet se mantiene peligrosamente alejada de los mecanismos de la gobernabilidad democrática.
Hacemos un llamamiento a todas y todos quienes comparten estos objetivos, a participar durante los próximos meses en la elaboración del Manifiesto de la Internet de la ciudadanía, con el objetivo de buscar un consenso sobre los principios básicos de una Internet orientada a la equidad social, la solidaridad humana y la justicia.
Internet es una herramienta y espacio de trabajo indispensable para la construcción de las luchas sociales y las interconexiones entre los movimientos. Hacemos un llamamiento a los movimientos sociales y organizaciones reunidas aquí en Túnez a asumir esta propuesta como parte esencial de sus agendas de acción, incluyendo, entre otros, los siguientes objetivos:
- Exigimos medidas decididas para frenar la vigilancia masiva indiscriminada, implementada por las corporaciones, agencias de seguridad y gobiernos.
- Defendemos la descentralización --en la mayor medida posible-- de las estructuras técnicas, económicas y de manejo de datos de Internet; y el acceso a una Internet basada en el principio de neutralidad de la red como derecho, que debe incluir apoyo a redes comunitarias y a infraestructura pública. También defendemos la libertad de la comunicación para las personas.
- Nos comprometemos a explotar la revolución de Internet para construir la solidaridad global entre los movimientos populares, para permitirles compartir experiencias a nivel mundial y aprender unos de otros.
- La Internet de la ciudadanía debe ser impulsada ante todo por los pueblos. Una Internet dirigida mano a mano entre las grandes empresas y los gobiernos hegemónicos no representa el interés público. Defenderemos el derecho de las organizaciones de base y movimientos sociales, junto con otros actores de la sociedad civil, a participar en las negociaciones mundiales sobre la gobernabilidad de Internet.
* Documento presentado para expresar el consenso del taller La organización de un Foro Social de Internet - Un llamamiento a ocupar Internet, FSM 2015,Túnez, 26 de marzo de 2015.
* Mínimas correcciones estilísticas, hechas al publicarlo (EVM).
sábado, 28 de febrero de 2015
No somos Spock
La ciencia ficción es una metáfora compleja y entretenida de la condición humana. Cuando quiere, es poderosa, singular e ilustrativa de lo que somos. No voy a compararla con Dostoievski, pero la buena ciencia ficción sin duda deja en claro qué angustia y qué ilusiona al ser humano de su momento.
Como es de su momento, la ciencia ficción envejece, y a veces lo hace realmente mal, tecnológicamente hablando; más si es buena su potencia permanece cuando dejamos atrás las argucias técnicas. Releer una joyita como Los Nueve Mil Millones de Nombres de Dios, de Arthur C. Clarke, en donde una computadora demora varios meses en hacer lo que un app haría en segundos ahora, obliga a extrapolar los detalles técnicos para entender lo que está detrás, lo que hace que la historia sea hermosa, conmovedora o simplemente buena. Uno de mis cuentos favoritos de ciencia ficción, el hermoso Caleidoscopio de Ray Bradbury, no tiene más contacto con la realidad que la manera como se entendía que se podía hacer misiones espaciales a comienzos de 1950, pero eso no le quita la potencia y el lirismo del astronauta que se pregunta si alguien pensará en él cuando arda al caer a través de la atmósfera. No se necesita precisión tecnológica para emocionarnos y sorprendernos con algo tan elemental como la búsqueda de sentido en el momento final de la vida.
Y así, la ciencia ficción crea mundos que son más reflejo que novedades. Neuromante nos pregunta por lo que nos hacemos al dejarnos consumir por los medios; Born of Man and Woman nos cuestiona nuestra justicia con aquellos que no son como nosotros; La Jetee interroga por lo que dejamos de ser cuando dejamos de tener la tierra bajo nuestros pies; La Invención de Morel propone simulacros para preguntarnos si la realidad es lo que vemos o lo que hay tras nuestras visiones y artificios; Moon nos recuerda que el trabajo puede ser agobiante, aburrido y finalmente deshumanizante incluso en otros mundos; Blade Runner es la pregunta fundamental: ¿qué nos define como humanos? y acaso, si alguien más que nosotros puede ser más humano que nosotros...
Claro, hay más libertad en ciertos géneros que en otros. La literatura permite que la imaginación vuele sin límites, y muchas veces termina creando mundos difíciles, deliciosos para visitar pero donde no quisiéramos vivir. La ciencia ficción televisiva, en cambio, tiene que convencernos de pasar una hora regularmente viendo y viviendo en otros mundos, aceptando la transacción que nuestra imaginación esté sujeta por reglas concretas a cambio de ofrecernos un mundo hermoso y donde nos podríamos sentir cómodos.
Esa fue la transacción que Viaje a las Estrellas tuvo que aceptar hace ya cincuenta años. Se inventó un mundo que no fuera incómodo ni pesimista a cambio de comprometernos con la visita semanal. Pero no se renunció por completo a la mirada especular: para eso se inventó un extraterrestre que nos recordara, solipsistamente, que somos de lo mejor.
Spock, del planeta Vulcano, era una novedad en una realidad en donde los negros y las mujeres no podían ser todavía considerados realmente comparables a los varones anglosajones. Spock era diferente pero aceptable: no era una negra extraterrestre, era una suerte de Don Draper de otro mundo (sin la promiscuidad sexual, claro). Nos cuestionaba desde la familiaridad, hablaba mal de nosotros desde la cercanía de ser reconocible como humano. No es solo cuestión de presupuesto: los extraterrestres suelen ser humanoides porque así lo que nos dicen es el consejo de un amigo y no la observación de un antropólogo; porque así parecen tenernos un tantito de envidia, porque los humanos son de lo mejor que hay, una especie fantástica a la que todos, salvo los malos, en el fondo quieren parecerse.
Spock circuló por décadas en distintas funciones y tareas pero siempre sirvió para recordarnos que somos la muerte, pero que debemos trabajar en mejorar nuestra performance. El bromance entre Kirk y Spock era la señal que en el fondo, todos podemos llevarnos bien si nos parecemos lo suficiente y nos portamos bien. Las distintas historias, tejidas en la mitología de las series y las películas, sirvieron para alimentar a los fans; el Spock de los sesenta reapareció en los ochentas en películas y luego en La Nueva Generación; incluso se dio tiempo para crear paradojas temporales en el reboot, hasta que la innecesaria Into Darkness lo usó, innecesariamente, como parte de la destrucción de Star Trek para crear una franquicia de acción más.
Esto no hace al personaje menos poderoso y evocador. Aparte del rol fundamental para aquellos que tuvimos la suerte de ser formados en esa década increíble que fue la de 1960, Spock nos ofreció un paradigma de humor, seriedad y eficiencia que sabíamos imposible de alcanzar (finalmente, era de otro planeta) pero tampoco tan lejano. No somos Spock, por suerte: pero podemos tener lo que nos guste más a cambio de aguantar su (falta de) sentido del humor y su rigidez, su socialismo casi explícito, su fortaleza de voluntad. Como buen huésped, Spock sirve para indicarnos un ideal sin pedirnos que lo alcancemos, porque nos da razones para no hacerlo. Y además, por encima de todo, siempre ha sido y será nuestro amigo.
Eso es lo más poderoso de la ciencia ficción: nos da optimismo ante las desavenencias y las dudas. Nos dice que el universo es nuestro si nos dejamos de tonterías y nos aplicamos a ser todo lo que podemos ser. No hay que ser un insípido Vulcano para alcanzar las estrellas. Pero es mucho más entretenido cuando lo tenemos al lado, para que nos felicite desde su superioridad, por lograr más que él.
Ese placer televisivo, melodramático, es lo que nos hace volver y querer más; no buscamos que un Batty nos muestre que es más humano que nosotros: queremos serlo y ser aplaudidos, porque la vida es muy corta para que nuestros defectos nos hundan cada semana.
Como dije hace seis años, los tiempos han cambiado, y el optimismo sesentero de Star Trek no tiene mucha cabida en el mundo confuso, aterrado y ensimismado tecnológicamente en el que vivimos. Atrapados como moscas sin salida en la World Wide Web, pidiendo ayuda a gritos, dejamos de ver el universo como salida y nos obsesionamos con nuestras miserias. Hemos perdido el futuro.
Pero en un rincón, con su ceja levantada y su mirada inquisidora, estará el señor Spock, esperándonos cuando llegue el día en que volvamos a esperanzarnos.
Como es de su momento, la ciencia ficción envejece, y a veces lo hace realmente mal, tecnológicamente hablando; más si es buena su potencia permanece cuando dejamos atrás las argucias técnicas. Releer una joyita como Los Nueve Mil Millones de Nombres de Dios, de Arthur C. Clarke, en donde una computadora demora varios meses en hacer lo que un app haría en segundos ahora, obliga a extrapolar los detalles técnicos para entender lo que está detrás, lo que hace que la historia sea hermosa, conmovedora o simplemente buena. Uno de mis cuentos favoritos de ciencia ficción, el hermoso Caleidoscopio de Ray Bradbury, no tiene más contacto con la realidad que la manera como se entendía que se podía hacer misiones espaciales a comienzos de 1950, pero eso no le quita la potencia y el lirismo del astronauta que se pregunta si alguien pensará en él cuando arda al caer a través de la atmósfera. No se necesita precisión tecnológica para emocionarnos y sorprendernos con algo tan elemental como la búsqueda de sentido en el momento final de la vida.
Y así, la ciencia ficción crea mundos que son más reflejo que novedades. Neuromante nos pregunta por lo que nos hacemos al dejarnos consumir por los medios; Born of Man and Woman nos cuestiona nuestra justicia con aquellos que no son como nosotros; La Jetee interroga por lo que dejamos de ser cuando dejamos de tener la tierra bajo nuestros pies; La Invención de Morel propone simulacros para preguntarnos si la realidad es lo que vemos o lo que hay tras nuestras visiones y artificios; Moon nos recuerda que el trabajo puede ser agobiante, aburrido y finalmente deshumanizante incluso en otros mundos; Blade Runner es la pregunta fundamental: ¿qué nos define como humanos? y acaso, si alguien más que nosotros puede ser más humano que nosotros...
Claro, hay más libertad en ciertos géneros que en otros. La literatura permite que la imaginación vuele sin límites, y muchas veces termina creando mundos difíciles, deliciosos para visitar pero donde no quisiéramos vivir. La ciencia ficción televisiva, en cambio, tiene que convencernos de pasar una hora regularmente viendo y viviendo en otros mundos, aceptando la transacción que nuestra imaginación esté sujeta por reglas concretas a cambio de ofrecernos un mundo hermoso y donde nos podríamos sentir cómodos.
Esa fue la transacción que Viaje a las Estrellas tuvo que aceptar hace ya cincuenta años. Se inventó un mundo que no fuera incómodo ni pesimista a cambio de comprometernos con la visita semanal. Pero no se renunció por completo a la mirada especular: para eso se inventó un extraterrestre que nos recordara, solipsistamente, que somos de lo mejor.
Spock, del planeta Vulcano, era una novedad en una realidad en donde los negros y las mujeres no podían ser todavía considerados realmente comparables a los varones anglosajones. Spock era diferente pero aceptable: no era una negra extraterrestre, era una suerte de Don Draper de otro mundo (sin la promiscuidad sexual, claro). Nos cuestionaba desde la familiaridad, hablaba mal de nosotros desde la cercanía de ser reconocible como humano. No es solo cuestión de presupuesto: los extraterrestres suelen ser humanoides porque así lo que nos dicen es el consejo de un amigo y no la observación de un antropólogo; porque así parecen tenernos un tantito de envidia, porque los humanos son de lo mejor que hay, una especie fantástica a la que todos, salvo los malos, en el fondo quieren parecerse.
Spock circuló por décadas en distintas funciones y tareas pero siempre sirvió para recordarnos que somos la muerte, pero que debemos trabajar en mejorar nuestra performance. El bromance entre Kirk y Spock era la señal que en el fondo, todos podemos llevarnos bien si nos parecemos lo suficiente y nos portamos bien. Las distintas historias, tejidas en la mitología de las series y las películas, sirvieron para alimentar a los fans; el Spock de los sesenta reapareció en los ochentas en películas y luego en La Nueva Generación; incluso se dio tiempo para crear paradojas temporales en el reboot, hasta que la innecesaria Into Darkness lo usó, innecesariamente, como parte de la destrucción de Star Trek para crear una franquicia de acción más.
Esto no hace al personaje menos poderoso y evocador. Aparte del rol fundamental para aquellos que tuvimos la suerte de ser formados en esa década increíble que fue la de 1960, Spock nos ofreció un paradigma de humor, seriedad y eficiencia que sabíamos imposible de alcanzar (finalmente, era de otro planeta) pero tampoco tan lejano. No somos Spock, por suerte: pero podemos tener lo que nos guste más a cambio de aguantar su (falta de) sentido del humor y su rigidez, su socialismo casi explícito, su fortaleza de voluntad. Como buen huésped, Spock sirve para indicarnos un ideal sin pedirnos que lo alcancemos, porque nos da razones para no hacerlo. Y además, por encima de todo, siempre ha sido y será nuestro amigo.
Eso es lo más poderoso de la ciencia ficción: nos da optimismo ante las desavenencias y las dudas. Nos dice que el universo es nuestro si nos dejamos de tonterías y nos aplicamos a ser todo lo que podemos ser. No hay que ser un insípido Vulcano para alcanzar las estrellas. Pero es mucho más entretenido cuando lo tenemos al lado, para que nos felicite desde su superioridad, por lograr más que él.
Ese placer televisivo, melodramático, es lo que nos hace volver y querer más; no buscamos que un Batty nos muestre que es más humano que nosotros: queremos serlo y ser aplaudidos, porque la vida es muy corta para que nuestros defectos nos hundan cada semana.
Como dije hace seis años, los tiempos han cambiado, y el optimismo sesentero de Star Trek no tiene mucha cabida en el mundo confuso, aterrado y ensimismado tecnológicamente en el que vivimos. Atrapados como moscas sin salida en la World Wide Web, pidiendo ayuda a gritos, dejamos de ver el universo como salida y nos obsesionamos con nuestras miserias. Hemos perdido el futuro.
Pero en un rincón, con su ceja levantada y su mirada inquisidora, estará el señor Spock, esperándonos cuando llegue el día en que volvamos a esperanzarnos.
viernes, 27 de febrero de 2015
Neutralidad de red (ya viene, ya viene...)
Hoy, el día que el Perú estará dedicado a la televisión basura para no sé exactamente qué, opto por ignorar el tema y escribir sobre neutralidad de red. Ayer la agencia regulatoria de las telecomunicaciones de EEUU, la FCC, aprobó convertir la Internet en un servicio público, es decir en un servicio que debe ser brindado igual para todos, sin preferencias o prioridades, como sí se podría si se le consideraba un servicio de valor agregado, que no tiene regulación significativa.
Estoy traduciendo de manera algo tosca "common carrier" y "information service" en los términos que se usan en el Perú. Aquí la Internet sigue siendo un servicio de valor agregado, en donde sería posible ofrecer transparentemente priorización de servicios (más barato si solo ves televisión de Movistar, por ejemplo). La idea de la neutralidad de red es lograr que no exista ningún acuerdo de integración vertical entre un operador de telecomunicaciones y un proveedor de contenidos, impidiendo que nuevos proveedores tengan oportunidad de ofrecer sus opciones en los mismos términos que otros.
Es una buena cosa, es una necesidad en tiempos de cada vez mayor conglomeración e integración vertical. No es todo lo que se debe hacer para lograr que la internet sea efectivamente un servicio público, pero es un buen primer paso, en EEUU.
Aquí en el Perú OSIPTEL está trabajando un reglamento de neutralidad de red, y habrá que conversarlo en su momento; hay cierta acumulación confusa de normas que requiere que se despeje los distintos artículos, pero en principio las telecomunicaciones peruanas son neutrales y la Internet debe ser tratada como tal, aunque falte ordenar la cuestión de servicio de valor agregado / servicio público para que no quede espacio para idas o venidas.
Este tema es crítico. No es un asunto "técnico", sino político: definirá qué tan acogedor a la iniciativa de entrantes nacionales e internacionales, que tan competitivo pueda ser la oferta de acceso a la Internet, y que tan parecida al resto del mundo será la Internet peruana. Por eso en 2010 un grupo de semi activistas propusimos, sin mayor éxito, principios digitales para el Perú, entre los que se destaca la neutralidad de red. Por eso es que la tendencia del activismo digital es lograr que se cuente con neutralidad; por eso es que los operadores de telecomunicaciones han intentando dejar en claro que sería fatal para el desarrollo de la red hacerlo, porque al final de cuentas, las tuberías son de ellos, como dijo el presidente de Telefónica.
Claro, no basta con Neutralidad. Ella misma no significa mucho más que el placer de saber que mis correos electrónicos, mis actualizaciones de Facebook, mis torrents y mis streams de Netflix son tratados igual por mi proveedor de acceso, sin throttling ni bloqueos. La neutralidad no crea una industria de contenidos más de lo que buenos estándares televisivos o canal claros en radio. En realidad, la neutralidad de red permite que algunos proveedores de servicio cuenten con más opciones para lograr alcance global, con lo que la globalización de doble candado seguirá agarrando viada (pero eso es tema para otro día, con mucho más para decir). Pero al menos la Neutralidad garantiza un entorno en donde las telcos no dominen la Internet; en el fondo, algo mucho más justo que el mamarracho de regulación de la televisión digital creado por el gobierno aprista, que regaló el espectro a los que ya tenían canales y les aumentó el capital sin considerar nada más que favores políticos. El negocio no les ha funcionado, y la televisión digital terrestre en el Perú no despega.
Que sirva de lección: al final la diversidad de opciones en un lado se lleva de encuentro a los que solo tratan de proteger sus modelos de negocio. Pasó con la música, pasa con la televisión, pasa con las telecomunicaciones.
Estoy traduciendo de manera algo tosca "common carrier" y "information service" en los términos que se usan en el Perú. Aquí la Internet sigue siendo un servicio de valor agregado, en donde sería posible ofrecer transparentemente priorización de servicios (más barato si solo ves televisión de Movistar, por ejemplo). La idea de la neutralidad de red es lograr que no exista ningún acuerdo de integración vertical entre un operador de telecomunicaciones y un proveedor de contenidos, impidiendo que nuevos proveedores tengan oportunidad de ofrecer sus opciones en los mismos términos que otros.
Es una buena cosa, es una necesidad en tiempos de cada vez mayor conglomeración e integración vertical. No es todo lo que se debe hacer para lograr que la internet sea efectivamente un servicio público, pero es un buen primer paso, en EEUU.
Aquí en el Perú OSIPTEL está trabajando un reglamento de neutralidad de red, y habrá que conversarlo en su momento; hay cierta acumulación confusa de normas que requiere que se despeje los distintos artículos, pero en principio las telecomunicaciones peruanas son neutrales y la Internet debe ser tratada como tal, aunque falte ordenar la cuestión de servicio de valor agregado / servicio público para que no quede espacio para idas o venidas.
Este tema es crítico. No es un asunto "técnico", sino político: definirá qué tan acogedor a la iniciativa de entrantes nacionales e internacionales, que tan competitivo pueda ser la oferta de acceso a la Internet, y que tan parecida al resto del mundo será la Internet peruana. Por eso en 2010 un grupo de semi activistas propusimos, sin mayor éxito, principios digitales para el Perú, entre los que se destaca la neutralidad de red. Por eso es que la tendencia del activismo digital es lograr que se cuente con neutralidad; por eso es que los operadores de telecomunicaciones han intentando dejar en claro que sería fatal para el desarrollo de la red hacerlo, porque al final de cuentas, las tuberías son de ellos, como dijo el presidente de Telefónica.
Claro, no basta con Neutralidad. Ella misma no significa mucho más que el placer de saber que mis correos electrónicos, mis actualizaciones de Facebook, mis torrents y mis streams de Netflix son tratados igual por mi proveedor de acceso, sin throttling ni bloqueos. La neutralidad no crea una industria de contenidos más de lo que buenos estándares televisivos o canal claros en radio. En realidad, la neutralidad de red permite que algunos proveedores de servicio cuenten con más opciones para lograr alcance global, con lo que la globalización de doble candado seguirá agarrando viada (pero eso es tema para otro día, con mucho más para decir). Pero al menos la Neutralidad garantiza un entorno en donde las telcos no dominen la Internet; en el fondo, algo mucho más justo que el mamarracho de regulación de la televisión digital creado por el gobierno aprista, que regaló el espectro a los que ya tenían canales y les aumentó el capital sin considerar nada más que favores políticos. El negocio no les ha funcionado, y la televisión digital terrestre en el Perú no despega.
Que sirva de lección: al final la diversidad de opciones en un lado se lleva de encuentro a los que solo tratan de proteger sus modelos de negocio. Pasó con la música, pasa con la televisión, pasa con las telecomunicaciones.
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