jueves, 7 de marzo de 2013

"Truthiness" y la izquierda luego de Chávez

En octubre de 2005, Stephen Colbert propuso una nueva palabra: truthiness. No es la verdad en el sentido empírico / analítico / real, sino la "verdad" que se siente, que se considera correcta y por lo tanto deseable, y que se impone como interpretación de la realidad.

Digamos que es una versión suave del newspeak de Orwell, que se plantea la noción muy contemporánea que el lenguaje define la realidad y que por lo tanto solo se trata de nombrar las cosas de una manera para que lo sean. La ventaja es que truthiness es más ligera que la sombría neolengua.

En política siempre hay algo de truthiness: el tratar de persuadir a la población de votar por un candidato o de apoyar ciertas acciones requiere convencer que lo que se busca es deseable y conveniente, y por ello puede ser necesario obviar la realidad y proponernos una idealización de lo que buscamos. No solo en política, sin duda: cuando aceptamos la sonsera de las "nuevas maravillas del mundo" estamos básicamente consagrando nuestra identidad colectiva a la búsqueda de la truthiness, encarnada en una declaración vacía sobre Macchu Picchu que parece justificar nuestro orgullo mejor que la verdad arqueológico, geográfica, histórica y cultural.

Algo de truthiness es indispensable, pero basarse solo en ella, pues es un desastre. Hugo Chávez era un maestro de la truthiness, un especialista en crear verdades que no solo no tenían sustento sino que ni siquiera tenían relación con la realidad, y lo hacía a partir de una habilidad retórica espectacular, tocando todas las teclas del discurso de la izquierda latinoamericana y mundial.

Venezuela es un país que, visto con la mejor de las buenas voluntades, están en serísimos problemas; tanto dinero (un billón de USD, de los de verdad, no un millardo) petrolero y tantas carencias, tantos desequilibrios y tanto desperdicio. El discurso de izquierda no ha bastado para crear una realidad de izquierda, y el socialismo del siglo XXI es puro extractivismo redistributivo con buenas dosis de corrupción boligárquica, y una gestión pública lamentable.

La lección para la izquierda es más o menos evidente: el discurso no es la política. Descansar en la truthiness, en la convicción que lo que hago es bueno porque así lo creo, y que la realidad se adaptará a mis acciones y mis buenas intenciones, es garantía de fracaso no electoral o político, sino humano; eso es lo que encarna Chávez, que tras ignorar la lección del rey Canuto, terminó como María Antonieta: solo queda el diluvio.


2 comentarios:

Luis Enrique Alvizuri dijo...

Señor Villanueva:

El único problema con su comentario es que no logra individualizar el problema de Venezuela porque, si usted analiza sus palabras, el "mal" que usted le atribuye desgraciadamente se aplica a casi todos los países del mundo, sobre todo a Estados Unidos y la Europa actual. Véalo: "(XXX ponga el país que quiera)...es un país que, visto con la mejor de las buenas voluntades, están en serísimos problemas; tanto dinero (un billón de USD, de los de verdad, no un millardo) petrolero y tantas carencias, tantos desequilibrios y tanto desperdicio. ... es puro extractivismo redistributivo con buenas dosis de corrupción boligárquica, y una gestión pública lamentable."
Como verá, es decir que alguien está enfermo "de una enfermedad", de algo que es redundante pues todos los enfermos están enfermos de enfermedad. Los problemas más agudos social y económicamente están hoy en los países llamados avanzados y usted considera que todos entonces tienen el mismo mal. Creo que para evaluar a Venezuela tendría que encontrar sus causas específicas que no necesariamente son iguales a las de Estados Unidos y Europa (malos manejos, deficiencia del sistema, corrupción, etc.). Si no clarifica entonces cae en un lugar común y al final no entendemos en qué son diferentes los problemas de estos países. En cambio yo sospecho que el problema no está en el manejo sino en los modelos y que el capitalismo en verdad no es la panacea que muchos piensan que es. Saludos.

Jose Rivolta dijo...

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