Soy Eduardo Villanueva Mansilla, y este blog contiene temas de interés profesional y personal, y lo uso para hablar sobre tecnología de la información, medios masivos y nuevos medios de comunicación, cultura y sociedad, y otras cosas que se me pasan por la cabeza.
martes, 13 de diciembre de 2011
El planeta ANR
Ahora es la idea de impulsar la investigación en las universidades lo que trae una tontería mayor. Las lamentables cifras de investigación y desarrollo del Perú tienen que ver con la falta de recursos universitarios, pero también con la ausencia de innovación en las empresas y la inexistente articulación de empresas innovadoras con universidades. Un ministerio no va a arreglar eso, porque el problema es económico, no universitario o científico / tecnológico; obviamente, si existiera recursos para una inyección impresionante de plata podríamos estar en un escenario distinto, pero es improbable que eso ocurra bien.
¿Por qué digo "bien"? Porque la clave está en que no se trata solo de plata, sino de inversión orientada a resultados. Los fondos tienen que ir a donde habrán impactos directos en la economía y en la innovación, y tienen que haber mecanismos de validación competitiva. Dar plata no más, no sirve.
¿Cuál es la solución para la falta de investigación? Según los genios burocráticos del congreso y de la ANR, que las licenciaturas sean otorgadas solo mediante una tesis.
Hay dos grandes argumentos en contra de ese razonamiento. El primero es simple, y remite a que el título profesional es una certificación de capacidad para hacer algo, y como tal tiene requerimientos distintos a los de un grado académico. El título demuestra que uno puede hacer lo que un profesional hace, y no siempre el mejor camino para demostrarlo es una tesis, es decir una investigación planteada bajo las premisas de la ciencia normal, con todas las gracias habituales. Incluso, muchas tesis terminan siendo algo distinto: sistematizaciones de experiencias, por ejemplo, que realmente no son tesis.
El segundo es la impresionante ignorancia del gran argumento en favor de las tesis: que son necesarias para aumentar la investigación en las universidades. Esto es más complicado por lo amplio del argumento y los distintos niveles de absurdo que implica.
En primer lugar, las universidades con grandes tradiciones de investigación están descansando en doctorados, no en licenciaturas. La investigación compleja y realmente novedosa se hace ahí. Bajo ese criterio, el siguiente paso para aumentar la investigación será que todos los cursos deben tener una monografía, para aumentar la investigación, sin que eso afecte la calidad y el impacto de la investigación.
El impacto se mide no por números, sino por publicación de las investigaciones, con su respectivo factor de impacto, o por patentes obtenidas y luego usadas, o por innovaciones concretas que luego son implementadas. La simple cantidad es irrelevante.
En segundo lugar, el problema de las universidades no es grados o títulos, es caos y falta de estándares. Si aumenta el número de licenciados pero la calidad de las universidades no, es plausible asumir que la calidad de las tesis es similarmente mala, que son hechas por encargo, o "wikitesis", es decir levantadas de la wikipedia o de colecciones de literatura diversa recogidas de la Internet. Si los profesores no publican, ¿qué van a enseñarle a sus alumnos? Si las universidades no tienen que acreditarse y responder por sus prácticas académicas, ¿cómo van a garantizar buenos resultados que sean relevantes fuera de la institución, no solo hacia adentro?
Es como la ley que prohibe fumar en las universidades. No es que sea una mala idea en abstracto, pero en realidad, por razones culturales, no es viable; en las universidades con grandes espacios abiertos, hay sitio de sobra para que los fumadores se vayan a lugares donde no molesten; no fomenta la responsabilidad colectiva, promoviendo que sean los propios no fumadores los que reclamen que los fumadores se vayan a otro sitio; crea costos y malogra el ambiente porque la universidad tienen que volverse policía.
Si hace veinte años se podía fumar en clases, y ahora no, es por un cambio cultural, no por leyes que disparan al aire en un país en donde no se tiene ni la costumbre de aceptarlas ni la capacidad para el enforcement. Una combinación de estímulos y castigos puede lograr poco a poco que los hábitos cambien y que las personas asuman sus derechos. Eso toma tiempo pero es orgánico y permanente. Aumentar el peso de la investigación en las universidades requiere ese ejercicio lento pero orgánico de cambio. En el planeta ANR, ahí donde las leyes son importantes pero se puede ignorar la evidencia, basta con una norma legal para decir que hemos cambiado la realidad, sin importar que no lo hayamos hecho.
Dar una ley como la propuesta, simplemente creará la tormenta perfecta de una exigencia contundente pero banal, que se diluirá en el mercado caótico de la informalidad, ese mercado que sí funciona en la siempre incoherente república del Perú.
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miércoles, 16 de noviembre de 2011
Detesto la SOPA
La premisa es esta: desde mediados de los noventa, las leyes de EEUU y del mundo entero aceptan que el intermediario no es responsable por las trasgresiones en línea. La DMCA, por ejemplo, creaba excepciones claras para los ISP en caso que alguien fuera culpable de "piratear" contenidos, con lo que aparecen los takedown, comunes en Google: si una búsqueda daba un resultado indebido, Google no era responsable que alguien se bajara contenidos siempre y cuando, a pedido de los derechohabientes, se retirara el enlace.
Como todos sabemos, desde esa época hasta ahora, la cosa ha cambiado, y sitios como YouTube basan buena parte de su popularidad en la cantidad de contenidos no autorizados disponibles. Entonces, la idea es cambiar las reglas del juego: ergo, SOPA.
Me levanto parte de una explicación de la EFF sobre el tema:
"En la actual redacción, la norma dará tanto al gobierno como a actores privados poder sin precedentes para interferir con el sistema de nombres de dominio (DNS). El gobierno podría forzar tanto a ISPs como a los motores de búsqueda a redirigir o descartar los intentos de llegar a ciertos sitios web. Una consecuencia posible es que terceros inviten a los usuarios promedio a servidores alternativos que ofrezcan acceso a toda la Internet por fuera del DNS, evadiendo la nueva versión, censurada, de la Internet en los EEUU; esto crearía nuevas vulnerabilidades a todo nivel mientras la confiabilidad y universalidad del DNS se evapora.
Y se pone peor: bajo las disposiciones de SOPA, los proveedores de servicios (incluidos los proveedores de hosting) estarán bajos nuevas presiones para monitorear y controlar policialmente las actividades de sus usuarios, puesto que SOPA se centra en sitios web que no hace lo suficiente para evitar las infracciones, sin dejar en claro qué sería "lo suficiente". Además crea nuevos poderes para cerrar a todos los servicios que ofrecen alternativas de acceso por fuera de las normas dispuestas por la norma".
En el camino, si alguien pone un video como este , alguien podría reclamar que es una trasgresión y bajárselo. Pero sobre todo: la privatización del control de los contenidos de la Internet básicamente nos vuelva vulnerables a todos, porque bastaría que una empresa con recursos diga que algo es ilegal, para que tengamos que bajar la cabeza. Encima, este problema es estrictamente de los EEUU: no se trata de tratados internacionales o acuerdos bilaterales, pero las consecuencias serían globales.
Por eso, en vez de SOPA, EFF propone que se le conozca como "Proyecto de Ley de Listas Negras en Internet", que nos remite al macartismo, y en general a todos los intentos de poner ciertos valores privados por encima de los valores sociales. Finalmente, lo que esta norma plantea es que la protección de intereses privados es más importante que los derechos ciudadanos, que es preferible algo de censura antes que pérdidas económicas. Un desastre total, que no por recurrente deja de ser desagradable.
El consenso en contra es grande: solo las industrias de contenidos, desesperadas por proteger su modelo de negocios, apoyan esto.
La opinión de los grandes de la InternetLa opinión de la Asociación de Electrónica de ConsumoLa opinión de la Unión de Libertades Civiles de los EEUULa opinión de especialistas en propiedad intelectual
El discurso político y el abismo digital
El diálogo de sordos en temas como Conga, tan bien reporteado por Lamula.pe y Noticias SER, demuestra dos cosas: no es tan difícil hacer buen periodismo cuando no se tiene urgencias de circulación; pero tampoco es fácil debatir cuando las cámaras de resonancia son más importantes que la opinión pública.
Lo digital ha sido reivindicado como el espacio para que la verdad fluya y los ciudadanos se encuentren, pero en realidad lo que ha hecho es debilitar a la prensa, y facilitar la cacofonía en el discurso político. Nada más simple que recoger solo lo que me interesa, leer solo aquello con lo que estoy de acuerdo, y conversar con aquellos que comparten mis ideas: reducir el debate ciudadano a mi red de amigos en Facebook. El escenario contrario, un mundo feliz de diálogo sistemático y sincero, es apenas una ilusión; lo que predomina son las cámaras de resonancia, esos vacíos en donde el diálogo no existe y todos están de acuerdo, sobre todo para condenar al otro.
Los medios no crean la comunicación: la canalizan. En una sociedad fragmentada, con poca confianza y poco sentido de la ciudadanía, y que además no se siente cómoda con el gran capitalismo urbano, los medios apenas reflejan la fragmentación, el centralismo y sobre todo la precariedad. Contra lo que muchos entusiastas creen, el buen periodismo requiere recursos y tiempo, puesto que no puede correr con el día a día de actualizaciones constantes, bounce rates y optimización de tráfico. Un buen trabajo periodístico arranca con el reporteo para seguir con la investigación y al final, con el artículo escrito o el reportaje grabado. Pero sobre todo, lo indispensable sigue siendo criterio, claridad argumentativa y comprensión integral del tema. Los datos y las novedades no son la clave, sino el punto de partida.
Los medios realmente existentes, en el Perú y en casi todas partes, sufren por la obsesión de sus audiencias por consumir, en vez de procesar, información. El diálogo público requiere análisis pero para analizar, es necesario leer y procesar información medianamente compleja; dramas personales o protestas sociales se convierten en banales cuando se persigue los datos y se deja de lado la perspectiva.
El ejemplo más saltante es también el más lamentable: meses dedicados a una tragedia personal que en el contexto de las grandes cosas, no tiene el mismo significado para todos los peruanos que el caso del mayor de la PNP Felipe Bazán. Al igual que el joven desaparecido en el Colca, es casi seguro que el mayor Bazán murió durante o poco después de los acontecimientos de Bagua. Lo importante, aparte de la necesidad de darle paz a su familia, es por qué el Estado peruano no ha dedicado atención a su búsqueda; y a su vez, el escándalo es que el periodismo de todos los colores no investigue la dejadez casi criminal de ese Estado que finalmente nos incumbe a todos.
Cuando los periodistas solo buscan saber algo más y no entender qué quiere decir el paquete completo, la prensa deja de tener sentido y se convierte en el problema. Entonces, la banalización de la noticia, el reporteo de trivialidades como si fueran importantes, no afecta a todos. El drama es el abandono por parte de los medios serios de cualquier intento de protegernos de la espectacularización de la noticia, de la redefinición de lo que merece atención como aquello que nos llama la atención. Hay intentos, sin duda, y diarios como La República pueden tratar de mantener ciertos estándares en algunos reportajes, pero cuando le dedican la primera plana a una sonsera como la supuesta “designación” de la Amazonía como maravilla natural, que no es más que una movida de marketing de un astuto empresario, confirman que no pueden resistirse al impulso de atender lo banal en desprecio de lo importante.
Que lamula.pe y Noticias SER sean los espacios en donde el buen reporteo de una crisis como Conga, para no mencionar otras muchas, encuentre su lugar, es señal de la debilidad fundamental de la prensa peruana. Sin recursos para hacer investigación elemental, sin ganas de encontrarlos, sin decisión para ofrecernos material para pensar en vez de entretenimiento con formato noticioso, los medios de prensa peruanos han abdicado ante la Web, la fuerza que ha vertido la espectacularización en nuestras computadoras con fuerza de huracán.
Que medios alternativos, que no se financian con ventas, sean la esperanza de un público informado, es una señal no del poder de la Internet, si no de la debilidad de los medios de comunicación, y ultimadamente de la sociedad y la esfera política peruanas, para fomentar debate y ofrecernos soluciones reales a problemas reales.
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Publicado en NoticiasSER el 16/11/2011
sábado, 5 de noviembre de 2011
El futuro, y dónde no mirarlo
Inevitablemente hace recordar un video de hace 24 años, Apple's Knowledge Navigator. Para su época, ese video nos ofrecía cosas alucinantes, como la posibilidad de interactuar mediante voz con una tableta que estaba conectada con todas las fuentes de información del mundo y que además permitía videoconferencias. Como han anotado muchos, esta visión está casi hecha realidad: salvo la capacidad de combinar datos a pedido del usuario con comandos de voz, un iPad con iOs5, que incorpora el asistente personal Siri, puede hacer casi todo, y la integración de Siri con Wolfram Alpha bien puede producir que para el aniversario 25 del video del KN, todo sea cierto, a excepción de la interfaz, que afortunadamente ahora es mucho mejor que el diseño escolar que aparece en el video original.
Por esas cosas de la vida, el video del Knowledge Navigator parece ocurrir ¡en 2011! O sea, la visión de Apple está casi perfectamente alineada con la realidad. ¿Querrá decir eso que la visión de Microsoft, que está fechada para el 2020 +/-, también se hará realidad en su momento?
No.
O mejor dicho, no importa.
Como soy "especialista en tecnologías" (varios diarios), "gurú de la Internet" (mis ex-alumnos que saben cómo me revienta el mote) o hasta "teórico en comunicaciones" (Ellos y Ellas dixit), muchas veces me preguntan por lo que pasará en cinco años o más, o quizá hasta en 25 años. Siempre me niego a responder, y estos dos videos me sirven de perfectas explicaciones de por qué no hacerlo.
Más allá de la coincidencia de lo ocurrido, el video de Apple asume las cosas completamente al revés, a saber: ignora la Internet, dado que presenta la conexión como una integración hecha a medida del producto antes que genérica; enfatiza la potencia de la interfaz oral, cosa que recién está madurando, con Siri, al estilo de lo que se plantea en el video como si fuera algo natural; presenta la habilidad de combinar inteligentemente información, cosa que es algo todavía complejo; y muestra acceso a información completamente abierto, buscando artículos académicos con la misma simplicidad con la que se muestra estadísticas, cosa que es inviable salvo que alguien esté pagando mucha plata para lograr ese acceso.
En otras palabras, Apple planteó un futuro sobre el que no tenía control, y que ha ocurrido si se lo mira superficialmente, y en buena medida, porque muchos actores han convergido en la misma dirección. Sobre todo, sin la Internet, esto que es el presente parecido al futuro de 1987, no habría ocurrido.
Lo mismo pasa con el futuro de Microsoft. Salvo en un delirio de grandeza sin base alguna en la realidad, Microsoft jamás podrá lograr lo que es la gracia de la predicción: un montón de información y un montón de usuarios perfectamente en sincronía y completa disponibilidad; porque para lograrlo, o Microsoft lo hace todo (¡ja! ¡claro!) o depende de otros, de estándares abiertos y fáciles de implementar (como la Internet) o de acceder a los servicios de la competencia. Y eso significa someterse a las ambiguedades de estilo y presentación, a la falta de consistencia y la ausencia de estándares de servicio comunes, que son propias de un mercado con múltiples proveedores.
Eso sin contar con el detalle que John Gruber menciona con mucha claridad: si una empresa tiene tiempo para pensar en cómo será el futuro lejano, no tiene claro o no le está prestando atención al presente y al futuro inmediato, que son su responsabilidad. La premisa aquí es simple: si no puedes controlar el futuro inmediato, ¿cómo puedes pretender decir cómo será el futuro lejano?
Por eso yo no hago predicciones: no solo porque no me ligan, sino sobre todo porque no tienen sentido. Nadie maneja tanta información como para saber qué podría estar pasando realmente ahora, con lo que el futuro es solo una serie de posibilidades que no siempre podemos ponderar adecuadamente. El resto, incluso las proyecciones de mercado, son especulaciones más o menos informadas. Si no me creen, lean esto y luego hablamos.
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miércoles, 19 de octubre de 2011
ACTA y TPPA: El comercio como pretexto
Una discusión sobre la pertinencia de estas premisas escapa a esta columna; baste decir que la apuesta por tratados bilaterales tiene la consecuencia, no muy grata, de colocarnos como país en una posición precaria de negociación, sobre todo cuando se tiene al frente a un país con experiencia, excelentes recursos humanos, y claridad política. El caso del tratado de libre comercio con los EEUU es el mejor ejemplo: propuesto como la puerta de entrada al mercado de los EEUU, vino “con mucho hueso”, ante lo cual el estado peruano no tuvo buenos argumentos.
El modelo propuesto puede simplificarse así: acceso a mercados a cambio de protecciones a las actividades económicas consideradas como críticas. El TLC impone una serie de criterios respecto al tema general de propiedad intelectual que efectivamente impiden el desarrollo de políticas públicas propias frente al tema; en otras palabras, los tratados supranacionales se convierten en una camisa de fuerza para enfrentar problemas que pueden ser relevantes para el país, y la propiedad intelectual sirve como demostración de ello.
No se trata únicamente de los acuerdos bilaterales: dos ejemplos particularmente importantes son el ACTA y el TPPA. El primero, el Acuerdo de Comercio Anti Falsificación, ha sido negociado sólo entre los miembros de la OCDE, un club de países desarrollados o casi. Entre otros aspectos, plantea extender las protecciones aduaneras mediante una noción muy flexible de "bienes falsificados", que deja de ser aquello que se hace con la intención de engañar al público, para convertirse en toda copia no autorizada por el titular de derechos intelectuales. En otras palabras: las copias de un CD, que pueden ser consideradas legales en ciertos países, pueden ser vistas como falsificaciones en otros, y el intento de cruzar fronteras con ellas, impedido administrativamente por la autoridad aduanera.
Como el mecanismo más común de transporte de estos "bienes falsificados" es el uso de redes de telecomunicaciones, el ACTA autoriza a las aduanas a analizar y penalizar el tráfico de bits a través de fronteras. Se trata de un cambio radical de la definición de frontera, y crea un enorme problema para aquellos que adquieren bienes -como música- a través de redes de intercambio: el ACTA los vuelve contrabandistas.
El promotor de esta norma es obvio: la industria global de contenidos que desde los años noventa demanda altas protecciones. Su peso político en muchos países desarrollados, comenzando por los EEUU, es tal que ha cambiado los términos de la política pública de derechos intelectuales a su favor hasta extremos impensables, y sin fundamento en la lógica original de la ley. Si bien el Perú no es firmante del ACTA, bien podemos terminar cubiertos por él, y no me imagino a ningún político peruano articulando un mensaje claro de por qué no deberíamos firmarlo.
Ahora mismo, estamos ante las negociaciones del Trans Pacific Partnership Agreement, que tendrán lugar en Lima, la semana del 24 de octubre. ¿De qué se trata?
Como en muchos otros casos, se plantea al TPPA como un acuerdo de libre comercio. Los diez países que negocian este acuerdo son miembros de APEC, que buscan a través del mismo aumentar el acceso a los mercados. El problema de siempre es que se frasea algunas cosas como "barreras al comercio" cuando se pueden leer como "políticas públicas". Las limitaciones a la inversión extranjera, a las patentes médicas, a la extensión de protección patrimonial en el derecho de autor, todas pueden ser políticas públicas para un país que quiera desarrollar ciertas industrias con capital local, facilitar el acceso a la información a los estudiantes universitarios, o ampliar el acceso a medicinas reduciendo el plazo de ciertas patentes.
El TPPA es parte de la tendencia ya mencionada, de usar el comercio como pretexto para proteger a las industrias con mayor peso político en países como los EEUU. No cabe duda que puede tener algunos beneficios para el Perú, pero con costos enormes al reducir la autonomía del estado para tomar decisiones.
Como en todos los casos anteriores, la ausencia de debate público es impresionante. Sería ideal que el estado peruano explique qué busca lograr, y como piensa compensar las limitaciones que el TPPA podría imponer para las políticas públicas. Y también sería ideal que el gobierno nos diga si su interpretación del desarrollo pasa por la sumisión ante el fantasma del libre comercio, o si cree que hay áreas “grises”, que bien pueden requerir más sutileza que la firma de un tratado negociado para el interés de las industrias que dominan ciertas actividades económicas.
Más información:
Sobre el ACTA:
http://evillan.blogspot.com/2010/01/acta-contra-esto-hay-que-luchar.html (comentario de hace casi dos años)
https://www.eff.org/issues/acta (crítica de la Electronic Frontier Foundation)
Sobre el TPPA:
http://bit.ly/r3JQQ0 (mirada crítica desde Nueva Zelandia)http://www.ustr.gov/tpp (versión oficial del gobierno de EEUU)
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Publicado originalmente en NoticiasSER el 19/10/2011
sábado, 15 de octubre de 2011
Ocupando su lugar: protestas y medios sociales
Más allá que sea cierto o no, lo interesante es cómo estas protestas muestran el verdadero rol que los medios sociales pueden jugar en la política contemporánea. No es que los movimientos hayan creado una agenda común, o que se trate de grupos realmente organizados globalmente, sino que mucha gente, y ciertamente muchos movimientos locales, han logrado adoptar una narrativa global gracias a las capacidades de alcance global y conexión interpersonal de los medios sociales.
Lograr crear esta narrativa global, sin contar con medios sociales como Facebook, sería casi imposible, por costo y lentitud. En este caso, las distintas voces han confluido en un conjunto de slogans parecidos y en un día de acción común, lo que muestra realmente el poder de los medios sociales: facilitan no tanto la acción colectiva, sino el relato colectivo.
Claro, la resolución de los conflictos políticos solo es posible de manera local, enfrentando los sistemas políticos de cada país. Pero eso no impide aceptar que un primer paso interesante se ha logrado: transmitir el mensaje que el problema es global y que las acciones para enfrentarlo también son globales. Que vaya a funcionar, difícil saberlo, pero que la narrativa, el relato colectivo de protesta ha sido implantado en la política, no cabe duda.
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domingo, 9 de octubre de 2011
Jobs: primero diseño, luego tecnología
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Hace unos años, Steve Jobs calificó a Apple como una compañía en la encrucijada entre la tecnología y las humanidades. Por eso sus creaciones siempre fueron una mezcla de “fierro” con diseño muy logrado. Su pasión por la caligrafía, su insistencia en que una película es primero que nada una buena historia, muestran su origen humanista.
Las computadoras de Apple siempre tuvieron un diseño logrado así no fueran innovadoras técnicamente. De ahí su impacto en el mercado de consumo, donde el diseño hace a los iPods irresistibles: su limpieza de líneas, su simplicidad de manejo, su claridad de propósito. Jony Ive, el diseñador industrial inglés a cargo de todo lo relacionado con convertir en un producto concreto las ideas de Jobs, es un seguidor de los 10 principios del buen diseño de Dieter Rams, creador de hermosos productos minimalistas para Braun desde la década de 1960, y se nota que hay también influencia de Rams en las ideas de Jobs. Rams ha dicho, en un documental sobre diseño, que Apple es la única compañía que aplica sus 10 principios: esto implica una subordinación de lo tecnológico al diseño que no suele ocurrir con la tecnología de información.
Jobs no era un tecnólogo sino un diseñador, un humanista dedicado no a las máquinas, sino a que las máquinas nos facilitaran la vida. Desde la primera Macintosh, una revolución conceptual que no fue inmediatamente exitosa, hasta el iPad, lo que manda es una buena idea, bien implementada, antes que la potencia tecnológica o los mandatos del marketing. Como dijo una vez, los consumidores solo saben lo que quieren cuando se lo damos. Apple y Pixar han llegado a las alturas en que están no por someterse a la tecnología, sea de la información o del marketing, sino por poner lo humano primero. Ese es el mayor legado de Steve Jobs.
¿Qué mejor demostración que uno de los productos más simpáticos, que además son de los que salvaron a la compañía? Vean este comercial para captar el rollo Jobsiano.