sábado, 31 de octubre de 2009

Nuestra señora querida: la Internet a los cuarenta

No tiene mucho sentido hacer panegíricos a la Internet. Es una dama respetable a la que todos conocemos, y muchos respetamos.

Pero sí quiero difundir esto: un ejercicio de memoria colectiva / infografía multimedia del Guardian que es el mejor homenaje a esta señora de las cuatro décadas (qué bajo estoy cayendo...) que he visto en esta semana: A people's history of the Internet recoge datos, imágenes y videos, pero también entrevistas y sobre todo, testimonios de usuarios más o menos comunes y silvestres, que le dan al reportaje un color especial. Es por eso un ejemplo impecable de la potencia del periodismo digital bien diseñado, y no me refiero a la diagramación.

Año interesante: hemos tenido los cincuenta de Kind of Blue y de Asterix, los cuarenta de la Internet y de Monty Python. Hasta los treinta de la primera novela de HHGTTG. Deben haber otros aniversarios que se me escapan, pero no importa.
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La Habana 1986-2009


Tiene como 500 años de fundada y como 50 de edad. Una especie de cápsula del tiempo de incomprensible atracción, donde la precariedad, la confusión y la falta de recursos suele disimularse para el visitante muy bien, pero que marca lo cotidiano de los habitantes, acostumbrados a lidiar con problemas extraños para aquellos que venimos del otro mundo, del capitalismo en serio.

Porque partamos de un sinceramiento mínimo: Cuba es esencialmente un país capitalista a la latinoamericana, pero con una superestructura autoritaria, controlista. El capitalismo es lento, ineficiente y tiende a la concentración; no acaba con la pobreza pero garantiza el consumo excesivo y la falta de respeto al medio ambiente. La diferencia está en que a la larga, todo termina en manos de un gran agente económico, el estado, y que el propósito final del movimiento económico no es más que el garantizar que el estado siga incólume en su función de control de la sociedad.

Por eso es que La Habana, con sus pequeños cambios y cosmética mejorada, sigue detenida en el tiempo. El tiempo no puede marchar muy rápido porque se podría perder el control ejercido los últimos 50 años.

Esto no le quita belleza. Para el visitante, es un sueño, no demasiado caro si se tiene una moneda fuerte, y no demasiado difícil si se sabe cómo lidiar con la informalidad. Pero eso sí: el cambio en la sociedad cubana, tras 18 años de desaparición de la Unión Soviética y con el sinceramiento capitalista actual, es brutal.

Yo he vivido en La Habana y la he visitado tres veces más después, e incluso en los buenos tiempos de la abundancia a medias de la burbuja soviética, la vida cotidiana era un gran desafío, con cientos de pequeños trucos para sobrevivir no tan a la escasez sino a la falta de opciones. Recuerdo como en la zona comercial de Centro Habana, de pronto, un sábado cualquiera, llegaron unas repisas de plástico, probables primeros logros de la industria ligera china de mediados de los ochenta. Por tres horas, la gente se repetía en la calle pidiendo instrucciones precisas del lugar en donde se podía adquirir eso; compras habituales o planificadas se postergaban en la búsqueda del plástico añorado, y para el mediodía no había más que un pequeño aviso, indicando el precio del artículo, en el almacén que logró vender sin inconveniente alguno todas sus existencias en tres horas. ¿Cuándo volverían las repisas de plástico color rojo a La Habana? Quién sabe, tal vez nunca volvieron.

El desafío ahora es totalmente distinto. Para el que no tiene acceso a suficientes ingresos, el costo de vida real ha crecido y lo que se puede comprar es poco y sin muchas variantes, pero no llega a los niveles de brutal escasez de la década pasada; digamos que una pobreza pasable, aunque con algunos que la pasan peor, como los mendigos que ahora no son tan raros. Esto no implica que la vivienda no sea una pesadilla: todo lo contrario, el deterioro de las casas es impresionante e impacta.

Pero si se tiene acceso a los Cucos, como algunos peruanos le decían a los pesos cubanos convertibles en un reciente evento académico, la cosa es mucho más simple. Astutamente, el partido decidió sincerar la economía con una devaluación completamente disimulada hace varios años, al crear el C.U.C. Con él se puede comprar de todo, con él se tiene acceso a todos los sitios y a todos los servicios. Lástima que los ingresos de los cubanos de a pie sigan en "M.N.", de la cual se necesita 22 para comprar un Cuco. Y eso no evita el control político, con jornadas ideológicas mezcladas con centros comerciales.

Claro, en los ochenta, un viaje en guagua, una Ikarus húngara, costaba cinco centavos; ahora, subirse a una YuTong china cuesta un peso. Un taxi es en C.U.C., como lo es el petróleo, las gaseosas importadas, la ropa de marca, los productos de tocador que hay en las farmacias con afiches publicitarios en las vitrinas. Los viejos libros de la editorial Arte y Literatura que antes costaban 1.25 ahora cuestan 30, y siguen siendo una ganga para el extranjero, pero ya no son una compra de impulso para el cubano. La censura ahora toma formas más sutiles: no hay plata para editar libros, por lo que no hay la oportunidad de no imprimir las obras de los autores prohibidos.

Pero aunque La Habana ahora tiene tráfico, con semáforos sincronizados a lo largo de la muy bien conservada Quinta Avenida de Miramar, y que hay más hoteles de cadenas, y que La Habana Vieja está espléndida, aunque muy comercializada, las cosas siguen en un ritmo distinto al del resto del mundo. Hay menos luces en las calles y menos autos, incluso en las zonas donde hay movimiento y diversión, que en otras ciudades latinoamericanas (hay Ticos, para hacernos sentir en casa...). Los jóvenes cubanos pueden bailar reggaetón pero el tempo cotidiano es más guarachero, más de un son. La gente espera en las puertas y los umbrales, conversa y fuma como en una vieja película, y la vida discurre con paso tropical, que no quiere decir un baile acelerado, sino una premeditada cadencia en piano ma non tanto, un deslizarse elegante pero calmo. El aire nocturno es delicioso, cálido e invitante en su suavidad.

Para el visitante, La Habana es una ciudad fácil: fácil de entender, fácil de disfrutar, fácil de querer. La Habana camina, no corre ni va en auto, ni siquiera en los viejos Plymouths de antes de la revolución. La Habana es una enorme vereda tropical.
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miércoles, 7 de octubre de 2009

El Kindle llega al Perú


Amazon acaba de anunciar que su lector de libros electrónicos, el Kindle, será vendido a más de 100 países, incluyendo en el precio el servicio gratuito Whispernet, que permite bajar libros y revistas con solo un toque de botón, mediante una red EDGE o 3G. Uno de los países será el Perú, donde el servicio inalámbrico funcionará desde Huaral hasta Ica, siempre sobre la costa, de Trujillo a Piura, en varias otras ciudades del país. Solo EDGE/GPRS, lo que implica menor velocidad y mayor consumo de batería.

A solo 300 USD CIF, no está nada mal. Claro está que los libros vienen aparte pero los precios y la selección son pasables, las revistas son una gran ventaja, y además se puede añadir contenido mediante el puerto USB. El diseño es menos feo que anteriores Kindles, lo que no quiere decir mucho.

Lo interesante es que ha sido diseñado como un producto global. Amazon tiene la intención de palanquear su base de consumidores en todo el mundo para venderles más contenido, esta vez digital. El resultado puede ser beneficioso para muchos, desde autores que pueden llegar con relativa mayor facilidad a los consumidores mediante formatos digitales, hasta los consumidores que no tienen que pasar por los problemas de acceso propios de los envíos en papel.

Que se venda para el Perú es fantástico, aunque Amazon no nos ofrece el servicio de pre-pago de tarifas aduaneras que podría simplificar el procedimiento. Esto quiere decir que se tiene que considerar en el precio el arancel que apliquen, y otros costos fiscales que desconozco por completo, y que agradecería si alguien pudiese acotar. Más simple es comprarlo allá y usarlo acá.

Señal de la maduración del mercado de libros electrónicos... entre Amazon, Sony, las pequeñas empresas como iRex y todo lo que se discute sobre lo que la hipotética tableta de Apple podría hacer, el 2010 podría ser el año del despegue del libro electrónico.

A ver pues, quién es el primer limeño al que veremos con un Kindle on the wild...
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viernes, 2 de octubre de 2009

Felicitaciones a Número Zero

Un proyecto de un grupo de estudiantes de la Facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación, Número Zero es un ejercicio interesante de acercarse al medio digital respetando las tradiciones del periodismo: investigación, agudeza, respeto al idioma y una dosis de impertinencia. Me alegra mucho que sean ganadores del Concurso Andino para estudiantes universitarios “Comunicación para la integración”, del Proyecto Formación de Comunicadores para la Integración Andina de FELAFACS, la Federación Latinoamericana de Facultades de Comunicación Social.

Han sido ganadores en la categoría Periodismo Digital, junto con otros tres proyectos de universidades peruanas, en categorías más tradicionales. Considerando todo lo que nos falta en la PUCP en los temas digitales, es una cosa buena y una señal de adónde apuntan nuestras posibilidades.

¡Bien Hecho!

Nos vemos en La Habana; los mojitos los pongo yo.
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miércoles, 30 de septiembre de 2009

Un mactard contempla un Windows Party

Aunque el Tema del Día es el cambio de reglas de juego de ICANN, y la consiguiente transformación de las reglas de juego de toda la Internet, hay otras cosas más entretenidas de contemplar.

Por ejemplo, el horrendo spot de Microsoft que tiene a "todos hablando":



Es un asco de spot, y es particularmente terrible porque hace juego con las terribles campañas de publicidad de Microsoft, luego de un interludio en donde lograron un mensaje inteligente y ágil, en su campaña Laptop Hunters.

Pero lo más interesante no es el spot, que finalmente no es novedad: es este artículo en el Guardian, en donde se plantean dos nuevas definiciones:

Premisa: Windows es como el vago olor a meado en una combi, que está ahí y no hay nada que puedas hacer al respecto, salvo vivir con él. Windows es un asco pero hay que usarlo.

Definición 1: El usuario de Windows vive en un país comunista alrededor de 1981. Todo es feo, todo es lento, todo está mal diseñado y nada funciona bien.

Definición 2: El comercial de marras, que propone que la gente se reúna para festejar el lanzamiento de Windows 7, produce y define una nueva emoción, muy desagradable: shitasmia.

Claro está, el autor de ese brillante opúsculo detesta a los Mactards, que viven una vida de constante exhibición de superioridad porque no tienen que pasar por la experiencia de someterse a Windows. Yo también los detestaría sino fuera porque soy un Mactard que usa Windows por obligación, pero lo menos posible.
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lunes, 28 de septiembre de 2009

Tres reflexiones a partir de Mistura 2009


Como muchos más, tuve el inmenso placer de ir a Mistura. La sobrecarga sensorial que ofreció el sitio fue impresionante, y la experiencia peligrosa para mis niveles de colesterol, pero eso no le quita que las virtudes y los problemas de la culinaria peruana hayan quedado plenamente expuestos en este espectáculo.

Esto, aparte de los otros defectos: desorden, sitio inadecuado, facilidades precarias. Igual, jamás me imaginé que una feria de comida llegaría a tener revendedores de entradas, y eso que salimos temprano, como a la 1 pm. del domingo. No quiero imaginarme el caos externo de la media tarde o los riesgos de la salida nocturna.

Igual, el tema es la comida. Primero que nada, la ya mencionada sobrecarga sensorial nos tiene que recordar que lo que hace interesante a la comida peruana es que no hay una comida peruana. A veces nos olvidamos de ello al imaginar una especie de "menú nacional", compuesto de cebiche, lomo saltado y arroz con leche, pero en realidad lo que hace espléndida la experiencia, y un contraste fantástico con buena parte de América Latina, es que aquí tenemos muchas cocinas regionales, con personalidad propia, ingredientes propios y sabores únicos. No sentí tan fuerte esa reivindicación, con la excepción de la fantástica sección de mercado, donde se podía conseguir exquisiteces como king kong con manjarblanco de loche, en un extremo, y delicias hechas con pato en el otro. La imagen de la riqueza culinaria nacional tiene como fundamento la riqueza y diversidad de nuestros ingredientes; no estoy diciendo nada nuevo, pero a veces me da la impresión que estamos perdiendo de vista ese bosque increíblemente diverso por fijarnos en dos o tres árboles.

Junto con eso, sí se puede decir que está comenzando a surgir una cocina más "nacional", en la medida que combina tradiciones y estilos internacionales con ingredientes nacionales; esta nueva ruta es urbana, es sofisticada y tiene poco que ver con lo que pasa en las cocinas de nuestros hogares. En una discusión anterior sobre el café, uno de los puntos que Martín Tanaka sostenía era la pasión nacional por el "bien despachado" como la base para que fueramos tan dados a priorizar la cantidad frente a la calidad; esta manera de ver la comida estaba presente en muchos de los puestos. Por su parte, el esfuerzo por sofisticar la comida, alejándola del "bien despachado", tiene buena salud: los chefs limeños están desarrollando estrategias para hacer con la comida peruana un producto más sofisticado y de tamaños más manejables, nuevamente rescatando los ingredientes. Probé una lasaña hecha con unos hongos de la sierra de Lambayeque simplemente sensacional; un jamón de venado de Cajamarca espectacular; al mismo tiempo que los rocotos rellenos o el chancho deshuesado nos recuerda la fuente más tradicional desde donde se alimentan. Lograr que la personalidad de las cocinas peruanas se traslade a la sofisticación de la preparación de la cuisine internacional es el reto, y todavía falta.

Otra cosa simpática, aunque quién sabe si positiva, es que algunos chefs comienzan a ser celebridades. Aparte de Gastón Acurio, que ni siquiera tenía un restaurant, claro está. Javier Wong estaba preparando cebiche en el rato que estuve y lo más interesante era ver a la gente tomándole fotos. Cuánto dice esto del poder de los medios, no sé; sin duda la constante repetición de las virtudes culinarias del sr. Wong ha ido creándole una imagen pública interesante, de esas en donde lo importante no es lo que hace sino quién es. Expandir este conocimiento hacia una especie de industria de la cocina, que no solo se trate de buena comida sino también de los elementos comerciales alrededor de la experiencia de consumo, podría servirnos a todos, aunque quizá no al sr. Wong.

Todo esto, bajo un cielo gris que parecía salido de una versión arquetípica de la grisura limeña, que hacia un contraste grosero con el color de la feria. Es uno de esos absurdos históricos pero vivir en esta urbe sin gracia, sin personalidad y sin atractivos naturales mayores resulta aún más chocante cuando se constata todo lo que ofrece el territorio que cohabitamos los peruanos. Al lado de eso, ver a los campesinos ofreciendo sus productos sirve para pensar en lo que puede hacer el estado, en cómo el trabajo de hacerlos participar en el mercado nos beneficia a todos pero sobre todo a ellos. Daba gusto verlos vendiendo sus papas, sus ajíes, aparte de los productos que a veces uno ha escuchado pero nunca ha visto, o que ni siquiera ha escuchado.

Entonces, una experiencia fantástica que nos plantea la necesidad de no desaparecer nuestra diversidad en fórmulas, pero que al mismo tiempo nos muestra la manera como ciertas fórmulas nos podrían dar una mano. Contradictorio pero no por ello menos interesante. Si se logra globalizar la comida peruana, es casi inevitable la simplificación, la reducción de la diversidad a una "comida peruana" que no existe y que realmente no es lo que comemos, o deberíamos comer, de la misma manera que la comida italiana, francesa o china no existen, salvo en la (falta de) imaginación de los comensales extranjeros. Lo que Mistura nos mostró es que desarrollar ese camino de internacionalización no implica, y no debe implicar, abandonar nuestra riqueza, confusa y enredada, pero variada y generosa, que yace en la diversidad de esto que llamamos convencionalmente Perú.
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