domingo, 28 de agosto de 2011

Tecnología: la falsa seguridad

La tecnología, las computadoras en particular, suelen ser presentadas como solución a casi cualquier problema. Basta usarlas para “modernizar”, en un sentido banal, toda actividad. En los temas de seguridad ciudadana también se aplica este razonamiento falaz. Lo interesante es cuánto nos dice la experiencia respecto a la utilidad de la tecnología, pero también cuánto es cuestión de cómo se la usa, y sobre todo, de la decisión de usarla bien.

Basta con ver el caso de Nueva York: la ciudad que hasta los ochenta era sinónimo de caos urbano, de violencia y descontrol, es ahora la metrópoli más segura de los Estados Unidos, según casi todos los indicadores de seguridad ciudadana. En un país donde la policía es responsabilidad de las ciudades, y donde el comando es finalmente civil, lo que ocurrió fue una transformación de la acción policial por decisión política e implementación de especialistas de fuera del departamento de policía local.

Esto no niega, ni por un instante, que no subsistan problemas con la policía de Nueva York; pero indica que es posible cambiar los indicadores, bajando el número de asesinatos, de robos violentos, y de crímenes en general. Lo mismo está sucediendo en Los Ángeles, donde el problema de corrupción alcanzaba niveles sudamericanos.

Una de las claves es la información: mediante el uso de un sistema llamado COMPSTAT, que sistematiza mediante computadoras la información del crimen en la ciudad, los comandantes pueden identificar dónde y cuándo ocurren los incidentes, y movilizar los recursos necesarios para impedir que ocurran actos criminales. Es decir, la tecnología era usada con fines claros y bien planteados, y los tomadores de decisión usaban esa información para actuar con claridad y rapidez.

En una escala completamente distinta, en Chiclayo está ocurriendo algo parecido. Como reporta Marco Sifuentes (http://www.infos.pe/2011/07/chiclayo-celulares-y-pistolas/), un fiscal ha creado un sistema de seguimiento de extorsionadores en una modesta hoja de Excel, que ha permitido disminuir el robo de taxis en la ciudad con más crimen violento, per capita, del país. Poca información pero bien procesado, y sobre todo bien usada, ha bastado para tener un impacto directo.

El contraste con la acción policial en el resto del país resulta chocante: es sabido, y vivido por muchos limeños y peruanos, que las oleadas de crimen ocurren debido a que un grupo de delincuentes “peina” una zona por varios días, a veces semanas, repitiendo sus acciones, como asaltos a personas que llegan a sus casas, o a jóvenes con mochilas que sugieren computadoras, o personas en vehículos caros. Robos oportunistas pero que hasta cierto punto son predecibles, y que sin embargo no son atacados con la misma claridad de propósito. Claro, ocasionalmente los delincuentes son capturados en el acto, o a veces muertos. Pero el problema de fondo continua; la información existe, pero no se procesa; al no procesarse, no existe capacidad de patrullaje predictivo. Pero sobre todo, no existe iniciativa alguna para recoger, procesar y actuar en base a esa información, por parte de los que deberían estar tomando la decisión correcta.

Si bien el caso aquí planteado es preciso, no por ello deja de ser válido para casi cualquier ámbito de acción del estado: la falta de claridad de propósito nos está haciendo mucho daño. La posibilidad de enfrentar el crimen con más y mejor información está a nuestro alcance pero no se la implementa; esto es el reflejo de una indolencia estructural frente a la manera de gestionar la seguridad pública, que alcanza a la policía, al ministerio público, a la clase política, pero también a la ciudadanía. Iniciativas tan sencillas como quenoteroben.pe demuestran que es posible generar la información incluso sin intervención policial, pero lo que no se nota es ganas de intentar cambiar la manera como se hacen las cosas, más allá de la cantidad de policías en las calles, o de los beneficios penitenciarios, o de cualquier otra idea.

En suma: no es la tecnología la que solucionará el problema, pero puede ser una buena herramienta para intentar lograr una solución al crimen en nuestro país. Lo que necesitamos es imaginación, ganas y sobre todo decisión para reconocer que la manera como la policía está organizada no es pertinente, y que es necesario poner más énfasis en las decisiones tácticas locales, en la estrategia fundada en buena información, y sobre todo, en el trabajo bien organizado para conseguir y usar buena información.

Todas las comisarías interconectadas del mundo no servirán de mucho si solo se usan las computadoras para seguir haciendo las cosas como siempre. El cambio es posible, y no tiene que ser tan caro ni tan complejo. Lo que falta, es decisión política y claridad institucional.
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Publicado originalmente en NoticiasSER el 24/08/2011

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